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Una menor de 17 años acaba en la UCI tras el golpe de un caballo en las fiestas de Ferreries, Menorca

La mañana festiva de Ferreries quedó atravesada por un golpe seco y una caída devastadora. Una menor de 17 años terminó ingresada en la UCI del Hospital Mateu Orfila después de ser alcanzada por un caballo en pleno ambiente de Sant Bartomeu, una de las celebraciones más emblemáticas de Menorca.

El accidente ocurrió en el Pla de l’Església, el corazón del municipio durante estas fiestas. Allí se concentran algunos de los momentos más intensos del programa, con caballos, jinetes, público muy cercano y un margen de error mínimo cuando la tensión del acto sube de golpe.

La joven sufrió un traumatismo craneoencefálico, la lesión que marcó desde el primer momento la gravedad del caso. Tras el impacto, perdió el equilibrio y cayó, recibiendo un golpe en la cabeza que pudo producirse contra el suelo o contra una pared, un detalle que todavía no se ha aclarado.

Las primeras explicaciones apuntan a que la menor fue golpeada por un caballo y que el cuerpo no resistió la embestida ni el desequilibrio posterior. En celebraciones de este tipo, donde los animales avanzan entre calles estrechas y rodeados de gente, un segundo basta para convertir la fiesta en una escena crítica.

La herida fue trasladada inicialmente a un centro sanitario y su estado obligó después a su ingreso en cuidados intensivos. El empeoramiento del cuadro dejó atrás cualquier lectura tranquilizadora y colocó el foco en la violencia real que puede esconderse detrás de un festejo que parece controlado desde fuera.

Durante el jaleo, la secuencia del accidente llegó a alterar el ritmo del acto. Una de las vueltas previstas tuvo que interrumpirse durante unos minutos para facilitar el paso de la asistencia y de la camilla, una imagen que cambió por completo el pulso de una jornada pensada para la celebración.

Ferreries vive estos días las fiestas de Sant Bartomeu, una cita tradicional en la que los caballos ocupan el centro emocional y visual del municipio. Precisamente esa cercanía extrema entre animales, jinetes y asistentes convierte cualquier percance en un episodio de alto riesgo, sobre todo cuando hay caídas y golpes en la cabeza.

El caso de esta menor sobresale por su gravedad en una jornada donde también se registraron otras atenciones de carácter leve. Ese contraste endurece todavía más la escena: mientras la fiesta seguía acumulando incidentes menores propios de la concentración, una adolescente entraba en un escenario médico mucho más oscuro.

La UCI del Hospital Mateu Orfila se convirtió así en el destino final de una cadena de segundos malditos. Desde ese momento, toda la noticia dejó de girar alrededor del festejo para concentrarse en la evolución clínica de una menor que había acudido a una tradición popular y terminó atrapada por sus consecuencias más brutales.

Las fiestas con caballos forman parte de la identidad local y movilizan a vecinos, visitantes y dispositivos de emergencia. Pero cada accidente grave reabre la misma pregunta incómoda: cuánto control real existe cuando el animal, el ruido, la proximidad física y la presión del momento comparten el mismo espacio.

En Ferreries, además, la jornada estuvo condicionada por la lluvia, hasta el punto de reducir una de las vueltas previstas. Ese contexto añade un elemento de desorden al desarrollo del acto, aunque por ahora no se ha vinculado oficialmente la meteorología con el golpe que dejó a la menor en estado crítico.

La gravedad del traumatismo obliga a mirar más allá del instante del impacto. En lesiones de este tipo, los primeros minutos, la respuesta asistencial y la evolución neurológica posterior marcan la diferencia entre una recuperación lenta y un daño mucho más profundo, una incertidumbre que ahora pesa sobre la familia.

Mientras se aclaran todos los extremos del accidente, el municipio queda atravesado por una imagen difícil de apartar: la de una celebración tradicional rota de repente por una camilla abriéndose paso entre la multitud. Esa escena condensa la fragilidad brutal de cualquier fiesta cuando la inercia colectiva se rompe.

La cobertura de este caso queda, por ahora, fijada en un hecho central y verificable: una menor de 17 años permanece en la UCI tras ser golpeada por un caballo durante las fiestas de Sant Bartomeu de Ferreries. Todo lo demás, desde la evolución médica hasta posibles medidas futuras, dependerá de cómo avance el desarrollo en las próximas horas.

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