Carles Vilajosana, el jardinero asesinado a puñaladas en Manresa en la última noche de fiesta mayor

A las cinco de la madrugada, cuando Manresa apuraba la última noche de su fiesta mayor, una llamada al 112 alertó de que un hombre yacía gravemente herido por arma blanca en plena calle Sant Jaume, en un entorno todavía marcado por la verbena y el paso reciente del correfoc.
La víctima era Carles Vilajosana, de 45 años, vecino de Castellnou de Bages y padre de dos hijos pequeños. Su nombre no tardó en recorrer la comarca porque era una figura conocida en el Bages por su trabajo como jardinero y por la red de vínculos personales que había tejido durante años.
Cuando llegaron las primeras patrullas y los sanitarios, el cuadro ya era crítico. Los intentos de reanimación no bastaron y la herida, localizada en el pecho según varias informaciones coincidentes, acabó certificando una muerte violenta en mitad de una noche que debía haber terminado entre música, fuego festivo y regreso a casa.
Los Mossos d’Esquadra activaron de inmediato a la División de Investigación Criminal de la región central y desplegaron la búsqueda de los implicados a partir de los testimonios recogidos en la zona. Poco después quedaron detenidos dos menores por su presunta relación con el apuñalamiento.
La secuencia que manejan los investigadores parte de una pelea en la calle, en un punto donde aún había movimiento por el cierre de las celebraciones. Algunas versiones sitúan a varios jóvenes alrededor del ataque y sostienen que el grupo pudo abordar a la víctima antes de que uno de los arrestados asestara la cuchillada mortal.
El crimen ha golpeado con especial dureza a Castellnou de Bages porque Carles Vilajosana no era un nombre anónimo ni una presencia distante. Trabajaba en el mantenimiento de jardines del municipio y también había desarrollado tareas para empresas y negocios de la comarca, lo que multiplicó el impacto del suceso entre vecinos y conocidos.
El alcalde David Canyadó, que lo conocía personalmente, trasladó una imagen rotunda de la víctima: un hombre querido, integrado y ajeno a perfiles conflictivos. Ese retrato, repetido por distintas voces del entorno, ha alimentado una conmoción que va más allá del hecho policial y se instala en la pérdida humana.
En las horas posteriores también trascendió que Vilajosana había estado vinculado a otros trabajos en la zona y que mantenía amistades en distintos municipios del Bages. Ese arraigo comarcal explica la rapidez con la que la noticia se extendió y el tono casi íntimo con el que muchos recibieron la confirmación de su muerte.
El Ayuntamiento de Manresa reaccionó con una condena formal del crimen y acordó medidas de duelo institucional. La decisión de señalar públicamente la gravedad de lo ocurrido refleja hasta qué punto el apuñalamiento rompió el final de la fiesta mayor y colocó a la ciudad ante una escena de violencia extrema en el espacio público.
La investigación sigue abierta para aclarar cómo empezó la pelea, qué papel tuvo cada implicado y si hubo más participantes además de los dos menores arrestados. Los agentes revisan declaraciones, cámaras del entorno y los movimientos previos al ataque para reconstruir con precisión una secuencia que aún presenta zonas oscuras.
Una de las líneas más sensibles del caso pasa por la edad de los detenidos. Que la principal pista conduzca a menores añade una dimensión especialmente inquietante a la noticia, no por el ruido alrededor del caso, sino por el contraste brutal entre la juventud de los sospechosos y la gravedad irreversible del desenlace.
Las informaciones publicadas hasta ahora coinciden en que el ataque fue rápido y devastador. En apenas unos instantes, un hombre conocido por su trabajo cotidiano y su vida familiar quedó tendido en el asfalto, mientras la fiesta se convertía de golpe en un escenario de sirenas, carreras y estupor.
Para el entorno de la víctima, el foco no está solo en quién empuñó el arma, sino en el vacío que deja Carles Vilajosana. Su muerte atraviesa a una familia con dos hijos, a un círculo de amistades amplio y a una comunidad pequeña donde cada rutina compartida, cada trabajo hecho y cada saludo tenían memoria.
Ese es el peso real de esta madrugada en Manresa: no solo un homicidio investigado por los Mossos, sino la caída violenta de un vecino muy presente en la vida de su comarca. Mientras los arrestados siguen bajo investigación, el nombre de Carles Vilajosana ya ha quedado fijado como el centro humano de una noche que terminó en tragedia.






