Francesco Gianello: la pericia concluye que el adolescente podía haberse salvado

Francesco Gianello tenía 14 años cuando murió en enero de 2024, después de convivir durante meses con un osteosarcoma que había empezado a dar señales a finales de 2022. Dos años después, una pericia judicial ha colocado el caso ante una conclusión devastadora: existían opciones reales de salvarlo.
El informe fue encargado por la Corte de Assise de Vicenza, donde sus padres afrontan un proceso por homicidio voluntario con dolo eventual. Los peritos Antonello Cirnelli y Franca Fagioli analizaron la evolución clínica y el tiempo perdido antes de que el tratamiento oncológico pudiera empezar.
La enfermedad era un osteosarcoma de alto grado localizado en el fémur, una forma agresiva de cáncer óseo. En marzo de 2023, el tumor aún estaba localizado, era operable y no presentaba metástasis, un momento en el que la medicina todavía conservaba margen para intervenir.
El itinerario previsto incluía biopsia, estadificación inmediata, quimioterapia, cirugía radical y una nueva fase de quimioterapia. No era una promesa de curación automática, pero sí el protocolo diseñado para enfrentar una enfermedad que exige actuar con rapidez y precisión.
El 15 de marzo de 2023, Francesco debía someterse a una biopsia en el Instituto Rizzoli de Bolonia. Ese paso era necesario para poner en marcha el tratamiento, pero el consentimiento fue retirado. A partir de ahí, la línea que separaba un tumor operable de una enfermedad extendida comenzó a cerrarse.
La familia se apartó del recorrido médico y siguió indicaciones vinculadas al llamado método Hamer, una propuesta sin respaldo científico que atribuye el cáncer a conflictos psicológicos. En ese entorno aparecieron tratamientos con arcilla, antiinflamatorios y sustancias presentadas como naturales, sin capacidad probada para frenar el tumor.
La pericia fija un retraso de 45 días entre el diagnóstico y la atención adecuada. Ese intervalo no quedó congelado: el osteosarcoma avanzó localmente y alcanzó los pulmones, transformando un cuadro que permitía cirugía en una enfermedad mucho más difícil de controlar.
Los especialistas estiman que las posibilidades de supervivencia a cinco años descendieron del 74,8 % al 45 % durante aquella evolución. Las cifras no describen una certeza sobre un desenlace individual, pero sí el tamaño de una oportunidad terapéutica que se redujo de forma drástica.
El 25 de abril de 2023, Francesco llegó a urgencias en Perugia en estado crítico. Para entonces, el tumor se había vuelto inoperable. La cirugía, que había formado parte de la estrategia inicial, ya no ofrecía la misma vía de control sobre una enfermedad convertida en localmente avanzada y metastásica.
El informe incorpora además una hipótesis que agrava la inquietud del expediente: la posible administración de sustancias neurotóxicas, entre ellas artemisia. Los peritos señalan síntomas neurológicos que no encajaban con el cáncer, aunque precisan que no hay prueba concluyente de que esa sustancia fuera utilizada con el adolescente.
La cuestión central del juicio es el vínculo entre las decisiones tomadas durante esos meses y la muerte de Francesco. La defensa ha sostenido que no existe una relación causal demostrada, mientras que la nueva evaluación técnica sostiene que la demora comprometió de manera decisiva sus opciones de supervivencia.
El caso no juzga una abstracción, sino una cadena de decisiones alrededor de un chico enfermo. La distancia entre una terapia acreditada y una alternativa sin evidencia quedó medida en días, en una enfermedad que avanzaba, y en una posibilidad de intervención que dejó de estar disponible.
La siguiente audiencia para discutir la pericia está fijada para el 16 de septiembre en Vicenza. Allí se confrontarán los argumentos médicos y jurídicos de un proceso que busca determinar responsabilidades, mientras la historia de Francesco permanece atravesada por una pregunta imposible de reparar.
La conclusión de los peritos no devuelve el tiempo ni altera la muerte ocurrida en 2024. Sí establece que, cuando el tumor aún era localizado y operable, había un camino clínico con posibilidades concretas. El juicio deberá decidir qué peso tuvo el abandono de ese camino en el desenlace final.






