La hermana de Claudia Tacoronte denuncia que nadie avisó del riesgo en Morelos

La muerte de Claudia Tacoronte Aguilera, una estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio universitario en Morelos, ha dejado una herida abierta entre su familia y sus compañeros. La joven fue atacada con arma blanca en Cuautla después de asistir a una actividad cultural y no sobrevivió a las heridas.
El crimen ocurrió la noche del sábado 12 de septiembre, en las inmediaciones de la Casa de la Cultura de Cuautla. Claudia había llegado a México apenas un mes antes para cursar una estancia vinculada a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, dentro de su formación en Educación Infantil.
Su hermana, Lara Tacoronte, ha puesto voz a una pregunta que atraviesa el duelo familiar: por qué nadie les advirtió de los asesinatos de otras alumnas de la misma universidad durante los últimos meses. La denuncia no se limita al dolor; señala una ausencia de información que ahora adquiere un peso devastador.
Lara sostiene que Claudia no conocía el historial reciente de violencia que afectaba a estudiantes de la institución. La familia cuestiona que una joven fuera enviada a ese destino sin recibir una alerta clara sobre el contexto, especialmente cuando ya habían ocurrido muertes violentas de alumnas vinculadas al mismo campus.
El caso de Claudia no aparece aislado. En siete meses fueron asesinadas Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Itzayana Fuentes, todas estudiantes relacionadas con la UAEM. Sus nombres ya habían provocado movilizaciones, protestas y una sensación de miedo que volvió a sacudir a la comunidad universitaria tras el nuevo crimen.
Kimberly desapareció en febrero y fue localizada sin vida días después; Karol desapareció ese mismo día y su cuerpo fue hallado posteriormente. En mayo, Michelle, de 15 años, también fue encontrada muerta. La sucesión de casos convirtió la seguridad de las alumnas en una preocupación pública que no obtuvo respuestas suficientes.
La familia de Claudia denuncia además la falta de contacto institucional inmediato después del asesinato. Ese vacío se suma a la incertidumbre sobre lo ocurrido y a la exigencia de que se aclare cada paso de la investigación. Para sus allegados, el acompañamiento no puede quedar reducido a mensajes de condolencia.
Las primeras hipótesis situaron el ataque en un posible intento de robo, pero la Fiscalía de Morelos ha insistido en que no descarta ninguna línea de investigación. El procedimiento se desarrolla bajo el protocolo de feminicidio, mientras los investigadores tratan de determinar las circunstancias y el móvil de la agresión.
Claudia acudió a un encuentro relacionado con plantas medicinales antes de ser atacada. Intentó resguardarse en la Casa de la Cultura, pero el agresor la alcanzó y la hirió de gravedad. La reconstrucción de esa noche continúa bajo investigación, sin una persona detenida anunciada por las autoridades.
La conmoción ha cruzado el Atlántico. La Universidad de Granada, donde Claudia estudiaba, canceló la llegada de tres alumnos que iban a viajar a Morelos el próximo semestre y ofreció alternativas a sus estudiantes desplazados en México. La decisión refleja el impacto inmediato que el asesinato ha tenido sobre los intercambios.
El intercambio entre ambas universidades funcionaba desde 2023 y, de acuerdo con la información conocida, la relación institucional era limitada. Tras conocer los crímenes anteriores, el debate se ha centrado en cómo se evaluaron los riesgos y qué canales debían haber alertado a quienes viajaban desde España.
La Universidad Autónoma del Estado de Morelos ha expresado su indignación y afirma haber activado mecanismos de atención a través de la Universidad de Granada y de las autoridades consulares. La familia, sin embargo, reclama hechos concretos y una investigación capaz de identificar al responsable sin dejar zonas oscuras.
La gobernadora de Morelos y el fiscal estatal se han reunido con el cónsul de España en México. Las autoridades han prometido coordinación y justicia, pero esas palabras llegan cuando la familia de Claudia ya afronta una ausencia irreversible y cuando las muertes previas siguen marcando el entorno universitario.
La denuncia de Lara Tacoronte coloca el foco en lo que ocurrió antes del ataque: la información que faltó, el riesgo que no se comunicó y la protección que no llegó. Mientras avanza la investigación, la familia exige que la muerte de Claudia no se convierta en otro nombre dentro de una lista que nadie quiso mirar a tiempo.






