Una mujer de 64 años muere tras ser embestida por un toro en el encierro de Aýna

La mañana de fiestas en Aýna, un municipio de la provincia de Albacete, se quebró el 5 de septiembre con una muerte que transformó el ambiente del primer encierro. Una mujer de 64 años fue embestida por uno de los toros durante el recorrido urbano y no logró sobrevivir a las heridas sufridas.
El aviso de emergencia fue recibido a las 10:55 horas, cuando la carrera ya había dejado una escena de extrema gravedad en la zona conocida como Las Cuevas. Los equipos sanitarios desplegados para el festejo intervinieron de inmediato y trataron de estabilizar a la víctima en el propio municipio.
La mujer fue atendida de urgencia tras la embestida y se organizó su traslado hacia el helipuerto para continuar la evacuación. El dispositivo no consiguió revertir la gravedad de las lesiones: falleció durante ese trayecto, antes de que pudiera ser trasladada por vía aérea a un centro hospitalario.
El encierro formaba parte de las fiestas patronales de Aýna, celebradas en honor a la Virgen de lo Alto. La localidad había programado la carrera para la mañana del sábado, dentro de varios días de actos taurinos y celebraciones populares que reunían a vecinos y visitantes en sus calles estrechas.
El punto donde ocurrió la embestida se sitúa en un tramo del recorrido que exige una atención absoluta a corredores y público. La víctima quedó expuesta al paso del animal en un instante de enorme tensión, cuando el avance de la manada alteró por completo el margen de seguridad de quienes estaban cerca de las barreras.
Las primeras informaciones describieron también a la mujer fuera de las talanqueras y corriendo en sentido contrario a la manada antes del impacto. Ese detalle muestra la rapidez con la que puede desordenarse un encierro, incluso en un recinto delimitado y con personal sanitario preparado para responder a una emergencia.
La tragedia no fue el único incidente sanitario de la jornada. Un hombre de alrededor de 60 años resultó herido por asta de toro en un brazo durante la misma carrera. Su caso confirmó que el encierro dejó más de una víctima y obligó a activar la atención médica para distintos participantes.
Aýna es una localidad serrana cuyo trazado urbano convierte cada encierro en un recorrido de proximidad, con animales, corredores y espectadores compartiendo espacios muy reducidos. Esa cercanía forma parte de la tradición, pero también multiplica el riesgo cuando una res se desvía, frena o carga contra alguien.
Tras confirmarse el fallecimiento, el Ayuntamiento suspendió los actos previstos para ese sábado dentro de las fiestas. La decisión detuvo una programación que acababa de comenzar y dejó a la localidad ante una jornada marcada por el duelo, el desconcierto y la atención a las personas afectadas.
La muerte ocurrió durante el primer encierro del fin de semana festivo, un dato que añadió un golpe todavía más duro a la celebración. Lo que estaba previsto como una mañana de tradición popular quedó reducido a la respuesta de los servicios de emergencia y a la necesidad de comunicar una pérdida irreversible.
Los encierros reúnen a personas que participan directamente en la carrera y a otras que siguen el paso de los animales desde barreras, balcones y puntos cercanos al recorrido. La diferencia entre observar y quedar dentro de la trayectoria de una res puede desaparecer en segundos cuando el animal cambia su dirección o acelera.
La intervención médica inmediata permitió atender a la mujer en el lugar, pero la gravedad de las heridas impuso un desenlace fatal durante la evacuación. La movilización hacia el helipuerto evidencia que se trató de una situación crítica desde el primer momento y que el dispositivo buscó una respuesta urgente.
La suspensión de los actos del sábado fue la primera consecuencia pública de una tragedia que golpeó de lleno las fiestas patronales. A partir de ese momento, la preocupación se centró en la familia de la fallecida, en el hombre herido y en quienes presenciaron una escena violenta en pleno recorrido.
El encierro de Aýna deja así una muerte que ensombrece el inicio de sus celebraciones y vuelve a mostrar el peligro real de estos festejos. Entre las calles del municipio quedó una mañana detenida por la embestida, por el despliegue de urgencias y por una pérdida que ya forma parte del dolor de todo el pueblo.






