| | |

Ceuta, al límite: cientos de migrantes cruzan a nado desde Marruecos y desbordan la acogida

La noche volvió a romperse en Ceuta con cuerpos saliendo del agua, flotadores esparcidos en la orilla y grupos de personas celebrando que habían alcanzado tierra tras dejar atrás el espigón que separa Marruecos de la ciudad autónoma.

El nuevo episodio no llegó aislado, sino dentro de una semana marcada por una presión creciente en la frontera, con más de un millar de entradas registradas en los últimos días entre adultos y menores de edad.

En apenas unas horas, durante la madrugada del lunes al martes, unas setenta personas lograron cruzar a nado y alcanzar la costa ceutí después de lanzarse al mar desde el lado marroquí.

Algunos de los que consiguieron llegar aseguraban haber pasado tres y hasta cuatro horas seguidas en el agua, avanzando sin descanso entre la niebla, el viento y el oleaje hasta tocar las rocas del espigón.

La imagen es tan cruda como repetida: jóvenes exhaustos, ropa empapada, neoprenos aún pegados al cuerpo y una sensación de alivio brutal al pisar tierra después de una travesía que podía terminar en rescate, detención o muerte.

Las fuerzas marroquíes y los dispositivos españoles intervinieron durante la noche para frenar nuevas entradas, y solo en ese despliegue fueron recogidas más de quinientas personas que intentaban completar el mismo trayecto por mar.

Aun así, el flujo no se ha detenido y la frontera marítima se ha convertido en una grieta abierta por la que siguen entrando personas en pequeños grupos, a cualquier hora y bajo condiciones cada vez más peligrosas.

La consecuencia inmediata golpea dentro de la ciudad, donde el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes arrastra una saturación severa y ya no puede absorber con normalidad el volumen de llegadas acumulado.

La presión también ha reventado el sistema de protección de menores, que ha pasado en dos semanas de poco más de dos centenares de tutelados a rozar los quinientos, una cifra que ha encendido todas las alarmas institucionales.

Ese desborde ha dejado a muchas personas durmiendo en la calle o en los alrededores de los recursos de acogida, a la espera de una atención que llega tarde porque la capacidad material de respuesta ha quedado rebasada.

El repunte coincide además con días especialmente duros en el mar, después de que en jornadas recientes se recuperaran varios cadáveres en aguas de Ceuta de personas que no lograron completar la misma ruta a nado.

El escenario mezcla agotamiento, improvisación y riesgo extremo, porque cada intento depende de unos pocos metros de ventaja, de la oscuridad y de resistir durante horas en una franja de costa donde cualquier error puede ser definitivo.

Mientras se multiplican las llegadas, en Ceuta crece la sensación de emergencia sostenida, con recursos tensados al límite y una frontera que vuelve a exponer de forma descarnada el coste humano de este paso marítimo.

Lo que queda al amanecer no es solo una cifra de entradas irregulares, sino una ciudad sobrecargada, una costa sembrada de señales del cruce y otra noche más en la que el mar funcionó como ruta desesperada hacia Europa.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *