Jordi Pérez sobrevive a una cornada en el cuello en Perú tras una estabilización remota al límite
La tarde se quebró en Huallanca cuando Jordi Pérez, conocido como El Niño de las Monjas, cayó ante el toro y recibió una cornada en una de las zonas más temidas del cuerpo: el cuello.
El impacto ocurrió durante un festejo en la plaza Monte Carmelo, en Perú, donde el torero valenciano quedó herido en medio de una escena de sangre, desconcierto y urgencia inmediata.
La lesión provocó una fuerte hemorragia y obligó a sacarlo de la plaza con rapidez, mientras quienes estaban a su alrededor intentaban contener el daño sin una enfermería preparada para una emergencia así.
El primer destino fue el centro de salud de Huallanca, pero allí apareció una imagen todavía más inquietante: el lugar estaba cerrado y no pudo recibir asistencia presencial en ese momento crítico.
Ante ese vacío, su equipo recurrió a una videollamada con el doctor César Baltazar, que empezó a dirigir a distancia las maniobras necesarias para estabilizar al torero antes del traslado definitivo.
Esa atención remota se convirtió en la línea frágil que separó el pánico del control, mientras se intentaba frenar el riesgo en una herida situada muy cerca de estructuras vitales.
Después de esa primera estabilización, Jordi Pérez fue evacuado hacia Huaraz por carretera en un trayecto de aproximadamente tres horas, con la incertidumbre pegada al cuello y al pronóstico.
El parte médico inicial trajo un alivio parcial dentro de la gravedad, porque la cornada no alcanzó arterias, venas ni vasos sanguíneos de relevancia y tampoco comprometió la tráquea.
Los datos conocidos apuntan a que la herida afectó sobre todo tejido muscular, una circunstancia decisiva para que pudiera evitarse un desenlace todavía más devastador en los primeros minutos.
También trascendió que no fue necesario intubarlo, un detalle que rebajó parte de la alarma clínica aunque no borra la violencia del percance ni el peligro real que llegó a correr.
La secuencia fue especialmente impactante porque el torero logró salir por su propio pie de la plaza, con una abundante pérdida de sangre y bajo la presión de un entorno sin medios suficientes.
Su evolución posterior se describía como favorable dentro de la cautela, sin complicaciones mayores confirmadas en las primeras horas y a la espera de nuevas pruebas e intervención médica.
El caso ha vuelto a poner el foco en los festejos celebrados en plazas pequeñas, donde una cogida grave puede chocar de frente con distancias largas, recursos escasos y respuestas improvisadas.
Por ahora, Jordi Pérez permanece estable y con el susto convertido en una herida brutal que deja tras de sí una pregunta incómoda: cuánto puede resistir un cuerpo cuando la asistencia llega tarde y a distancia.






