Cangas de Onís, Asturias: muere un hombre de 85 años tras despeñarse su coche cien metros por un monte

La búsqueda de un vecino que faltaba desde la mañana terminó de la peor forma en una ladera de Cangas de Onís, donde su coche apareció tras precipitarse por un desnivel de unos cien metros hasta las inmediaciones de Següencu, en plena noche del jueves.
El conductor tenía 85 años y viajaba solo cuando, por causas que todavía no han trascendido, perdió el control del turismo y se salió de la carretera. El vehículo no quedó a un lado del asfalto, sino que rodó monte abajo hasta detenerse en una zona de difícil acceso.
La alerta llegó al Centro de Coordinación de Emergencias del 112 de Asturias a las 21.29 horas. La llamada describía una escena confusa y brutal: un coche bajando por el monte y la sospecha de que en su interior podía estar el vecino al que llevaban horas sin localizar.
Desde ese momento se activó una intervención contrarreloj con bomberos del parque de Cangas de Onís, personal sanitario del Servicio de Atención Médica Urgente y efectivos de la Guardia Civil de Tráfico. Cuando los equipos alcanzaron el punto exacto del siniestro, el desenlace ya era irreversible.
Los sanitarios desplazados al lugar, pertenecientes al equipo de Atención Primaria de Cangas de Onís y apoyados por una ambulancia de soporte vital básico de la zona, solo pudieron certificar la muerte del conductor. No hubo margen para una evacuación con vida ni para maniobras de rescate sanitario.
La posición del coche complicó todavía más la operación posterior. El turismo había quedado inestable sobre la pendiente y cualquier movimiento podía agravar el riesgo para los equipos de emergencias, de modo que la primera tarea no fue sacar el cuerpo, sino impedir que el vehículo siguiera desplazándose.
Para asegurar la zona, los bomberos utilizaron cabrestantes antes de iniciar la excarcelación. Esa maniobra previa resultó decisiva porque el coche estaba encajado en un terreno comprometido y cada paso exigía contener el peso del vehículo antes de abrir espacio para la extracción.
Solo después de recibir la autorización correspondiente, los efectivos retiraron una de las puertas y recuperaron el cadáver con ayuda de una camilla nido. El rescate no fue una operación rápida ni limpia, sino un trabajo tenso en mitad de una ladera, bajo condiciones de visibilidad y estabilidad muy delicadas.
A las 21.52 horas los bomberos comunicaron desde el lugar que el conductor había fallecido y que el coche seguía presentando una peligrosa inestabilidad. La confirmación oficial de la recuperación del cuerpo no llegó hasta las 23.11 horas, cuando la parte más dura de la intervención ya había concluido.
La intervención se prolongó durante horas y no terminó en el monte. Tras el levantamiento del cadáver y las diligencias iniciales, la Guardia Civil asumió los trámites vinculados a la investigación del siniestro, mientras los equipos de emergencias cerraban una actuación marcada por la dificultad técnica.
Los bomberos no regresaron a parque hasta la 01.22 de la madrugada, una señal clara de la complejidad del operativo. No se trató solo de localizar el coche, sino de trabajar sobre una caída profunda, estabilizar el turismo y recuperar a la víctima sin provocar un segundo accidente en plena maniobra.
Por ahora no han trascendido indicios públicos sobre una causa concreta del siniestro. Lo que sí ha quedado fijado es el rastro material del impacto: una salida de vía en una carretera del concejo y un descenso violento por el monte hasta un punto donde el vehículo quedó prácticamente atrapado.
El caso deja además una imagen especialmente dura por el contexto en que se produjo el hallazgo. Quien faltaba desde primera hora del día no fue localizado en una cuneta visible ni en un arcén cercano, sino al fondo de una pendiente que obligó a una recuperación compleja y prolongada ya entrada la noche.
En Cangas de Onís, la tragedia quedó sellada entre la oscuridad, el ruido de los cabrestantes y el silencio final de los sanitarios. La investigación deberá aclarar cómo empezó la caída, pero el desarrollo conocido ya dibuja una muerte solitaria y devastadora en una carretera asturiana.






