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Dos muertos y dos heridos, entre ellos un niño, tras un choque frontal en la N-332 en Benissa

La mañana del sábado 8 de agosto de 2026 quedó rota en la N-332 a la altura de Benissa, donde dos turismos colisionaron de forma violenta en un tramo que enlaza la Marina Alta con un flujo constante de tráfico costero incluso fuera de los grandes picos vacacionales.

El impacto fue tan severo que los cuatro ocupantes quedaron atrapados en los vehículos, obligando a una intervención de rescate contrarreloj en medio de una escena marcada por el metal deformado, la inmovilidad de los coches y la urgencia de sacar a las víctimas antes de que empeorara su estado.

Cuando los equipos sanitarios lograron acceder al interior, ya no quedaba margen para salvar a dos de las personas implicadas: una joven de 19 años y un hombre de 65 murieron en el lugar, convirtiendo el siniestro en una de esas tragedias que se imponen de golpe y dejan el asfalto convertido en un punto de duelo.

Junto a ellos viajaban otras dos personas que sí pudieron ser extraídas con vida, aunque heridas por la colisión: un joven de 27 años y un niño de 9, ambos estabilizados en el punto del accidente antes de ser evacuados al Hospital de Dénia para una valoración más profunda y seguimiento médico.

La alerta se registró alrededor de las 11:50 horas, un dato que sitúa el siniestro en pleno movimiento diurno de la carretera, cuando la circulación en la N-332 mezcla desplazamientos locales, tránsito entre municipios y trayectos de visitantes que cruzan la costa alicantina por una vía muy exigida.

Hasta el lugar se desplazaron efectivos de los parques de bomberos de Benissa y Dénia con una bomba urbana pesada, un camión de rescate y una unidad de mando, un despliegue que refleja la magnitud del choque y la dificultad técnica que supuso liberar a los ocupantes sin agravar sus lesiones.

Antes incluso de completarse el dispositivo oficial, un médico y una enfermera que se encontraban en la zona comenzaron a asistir a las víctimas en los primeros minutos, un detalle que revela la rapidez con la que se intentó contener el desastre mientras llegaban más recursos de emergencias a la carretera.

La respuesta sanitaria incluyó dos ambulancias de soporte vital básico y otras dos unidades del SAMU, que trabajaron sobre el terreno con un doble escenario devastador: por un lado la certificación de dos fallecimientos y por otro la necesidad de mantener con vida a los heridos en un entorno todavía inestable.

El punto exacto del accidente se sitúa entre Benissa y el eje que conecta con Dénia y Calp, una franja de la N-332 donde cualquier colisión frontal o invasión de carril multiplica el riesgo por la velocidad de paso, la densidad de circulación y la escasa capacidad de reacción cuando todo se desencadena en segundos.

A medida que avanzaban las labores de auxilio, la imagen de los dos coches destrozados fue fijando la dimensión real de lo ocurrido: no se trataba de un simple alcance ni de un golpe lateral, sino de un choque capaz de aplastar habitáculos y de dejar atrapadas a cuatro personas en un espacio mínimo y hostil.

Las primeras informaciones coinciden en que el siniestro enfrentó a dos turismos y dejó un balance final de dos muertos y dos heridos, una combinación de datos que perfila un episodio extremadamente violento incluso dentro de una estadística de carreteras donde el factor humano y la fragilidad mecánica se cruzan sin aviso.

La presencia de un menor entre los heridos añade una carga especialmente dura al caso, porque traslada la tragedia más allá del recuento de víctimas y recuerda que en un solo segundo una carretera puede arrasar la rutina de varias familias, abrir ingresos hospitalarios y desencadenar una cadena de consecuencias irreversibles.

Mientras se estabilizaba la zona y se retiraban los vehículos siniestrados, la carretera quedó marcada por una investigación técnica destinada a aclarar cómo se produjo la colisión, qué maniobra la desencadenó y por qué el golpe alcanzó una violencia suficiente para resultar letal a dos de los ocupantes.

Benissa cierra así la jornada con una herida abierta sobre el asfalto de la N-332, donde el estruendo del choque dejó paso al trabajo silencioso de rescate, a las sirenas alejándose hacia Dénia y a la constatación brutal de que dos personas no salieron vivas de ese tramo de carretera.

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