El cielo revienta en Alicante y Valencia con granizo y rachas de hasta 116 km/h

La tarde del 10 de agosto se cerró de golpe sobre el interior norte de Alicante y el interior sur de Valencia con tormentas de corta duración, pero de una violencia suficiente para transformar el paisaje en cuestión de minutos y sembrar daños materiales en varias comarcas.
En Villena, una de las localidades más golpeadas, el viento alcanzó los 116 kilómetros por hora en plena descarga, una cifra que resume la brutalidad del episodio y explica por qué muchas estructuras ligeras no resistieron el impacto de aquella sacudida repentina.
La tormenta no llegó sola. Traía granizo, aparato eléctrico y un desplome del aire que disparó reventones húmedos, una combinación que no solo empuja en horizontal, sino que cae con fuerza sobre toldos, techumbres, cableados y todo lo frágil que encuentre debajo.
Mientras el núcleo principal avanzaba hacia el este, Ibi acumulaba 47,6 litros por metro cuadrado y dejaba claro que no era una simple tormenta de verano. En Villena se rondaban los 18,8 litros y en Pinoso los 17,2, con registros muy altos en un margen de tiempo muy corto.
El episodio se extendió con intensidad desigual por otras zonas del interior. Beneixama, La Mata, Salinas, Olocau del Rey y puntos del sur valenciano fueron entrando en el radio de una tarde inestable que golpeaba por ráfagas y dejaba detrás un mapa irregular de lluvia y viento.
En Alcoi y El Pinós también se detectaron reventones húmedos con rachas cercanas o superiores a los 100 kilómetros por hora. En algunos puntos de Alcoi se llegaron a registrar valores todavía más extremos, lo que agravó la sensación de que la tormenta descargaba a martillazos.
El aviso naranja permaneció activado durante la tarde por precipitaciones intensas y tormentas con granizo grande en amplias áreas del interior y parte del litoral de la Comunitat Valenciana. El riesgo no era abstracto: la ventana más peligrosa coincidía con el momento de máxima actividad del sistema.
Los daños empezaron a aflorar casi al mismo ritmo que avanzaba la nube. Bomberos del Consorcio Provincial de Alicante atendieron alrededor de 40 intervenciones entre última hora de la tarde y el anochecer por desprendimientos, árboles caídos, cableados afectados y pequeños incendios eléctricos.
Buena parte de esas salidas se concentraron en viviendas y en la vía pública, donde la fuerza del viento había levantado toldos, golpeado techos y forzado fachadas. En Alcoy se concentró el mayor número de avisos, aunque las incidencias se repartieron también por l’Alcoià, l’Alt Vinalopó y l’Alacantí.
El carácter breve del episodio no redujo su capacidad de daño. Al contrario, la violencia comprimida en pocos minutos dejó una escena especialmente agresiva, porque muchas de las estructuras alcanzadas no tuvieron margen para soportar ráfagas tan bruscas ni una descarga eléctrica tan insistente.
Otro de los elementos inquietantes fue la enorme irregularidad del temporal. En unos municipios la lluvia descargó con fuerza desbordante y en otros el golpe principal llegó en forma de viento seco, granizo o una sucesión de rayos que convirtió la tarde en un episodio tan local como devastador.
La parte más dura de la tormenta terminó desplazándose hacia el mar, pero el ambiente siguió bajo vigilancia porque se formaban nuevos núcleos en áreas próximas y el calor extremo seguía alimentando una atmósfera propicia para explosiones convectivas de gran intensidad en el este peninsular.
Lo que quedó atrás fue una suma de cifras y daños que dibuja algo más que una tormenta aparatosa: 116 kilómetros por hora en Villena, acumulados relevantes en Ibi y otras localidades, y decenas de avisos en pocas horas por un fenómeno capaz de aplastar, arrancar y romper en cadena.
En plena ola de calor, aquel estallido sobre Alicante y Valencia dejó una imagen difícil de olvidar: un cielo que parecía derrumbarse a golpes sobre pueblos y carreteras, descargando granizo, viento y electricidad con una rapidez feroz antes de seguir avanzando hacia la costa.






