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Hallan restos de semen en una víctima del cirujano acusado de violar a pacientes sedadas en Murcia

La investigación contra el cirujano encarcelado por presuntas agresiones sexuales a pacientes sedadas en Murcia acaba de entrar en un terreno todavía más inquietante. Un informe del Instituto de Medicina Legal recogió restos de semen humano en muestras tomadas de los genitales de una de las denunciantes tras la supuesta agresión ocurrida en un entorno quirúrgico.

Ese hallazgo no cierra el caso, pero cambia el peso de la escena. Las muestras fueron recogidas en el Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca mediante un exudado vaginal y dos exudados endocervicales, además de otras pruebas clínicas, dentro de un protocolo que ahora adquiere un valor decisivo para la causa penal abierta contra el médico.

La mujer afectada sostenía que no había mantenido relaciones sexuales desde junio de 2024, un dato que la acusación considera esencial para interpretar la presencia de semen en ese contexto. El siguiente paso técnico consiste en cotejar el material biológico hallado con el perfil genético del investigado para determinar si existe coincidencia directa.

La causa ya no se mueve solo en el terreno de los testimonios, las sospechas o los indicios periféricos. El nuevo informe forense introduce un elemento físico que puede alterar el ritmo del procedimiento y reforzar la línea acusatoria en uno de los episodios más graves que se investigan alrededor del facultativo.

El procedimiento principal se sigue en Molina de Segura, donde una magistrada acordó a comienzos del verano la transformación de las diligencias previas en sumario. Esa decisión situó al sospechoso a un paso de juicio por un presunto delito de agresión sexual que, de prosperar la acusación, tendría que ser enjuiciado por la Audiencia Provincial.

El cirujano permanece en prisión provisional desde diciembre de 2025 por la presunta violación de esta paciente en un hospital murciano. La situación cautelar no ha cambiado porque el juzgado considera que continúan intactas las circunstancias que justificaron su ingreso, entre ellas la gravedad de los hechos investigados y el riesgo procesal asociado al caso.

La defensa intentó obtener la libertad provisional, pero la jueza rechazó la petición al entender que no se había producido ninguna variación sustancial. También negó el acceso a la identidad de las pacientes que lo acusan, una decisión que mantiene protegidos los datos personales de las denunciantes mientras avanzan varias piezas judiciales paralelas.

Además del caso que lo mantiene en prisión, el médico afronta otras dos acusaciones más de agresión sexual. En una de esas investigaciones, otro órgano judicial apreció indicios contundentes contra él, lo que dibuja un escenario procesal mucho más amplio que una denuncia aislada y agrava el alcance potencial de la causa.

Uno de los puntos más sensibles del procedimiento ha sido el tratamiento de las pruebas biológicas recogidas tras las intervenciones médicas. La discusión sobre la cadena de custodia, la conservación del material y la posibilidad de nuevos análisis ha marcado parte de la estrategia de las partes, precisamente porque cualquier resto físico puede inclinar de forma drástica la valoración judicial.

Antes de este avance, ya habían aflorado otros elementos periciales y testimoniales sobre lo ocurrido en quirófano. La causa se ha apoyado en grabaciones realizadas por personal sanitario, en muestras recogidas tras la asistencia médica y en la reconstrucción de lo sucedido mientras la paciente se encontraba sedada y en una posición de extrema vulnerabilidad.

La aparición de semen humano en una de las muestras no equivale todavía a una condena, pero sí abre un frente determinante. Si la comparación genética termina vinculando ese rastro con el investigado, la acusación dispondrá de una evidencia de enorme fuerza para sostener que la agresión denunciada no fue una sospecha difusa, sino un acto materialmente acreditable.

Al mismo tiempo, el caso plantea una fractura brutal en la relación de confianza que debería existir dentro de un quirófano. Las pacientes entran en ese espacio bajo anestesia o sedación, desarmadas física y mentalmente, y la mera posibilidad de que ese estado se utilizara para una agresión sexual convierte la investigación en una herida pública de enorme gravedad.

La evolución del sumario será decisiva para saber si el rastro hallado termina encajando con el resto de piezas del puzle: testimonios, informes forenses, actuaciones hospitalarias y análisis de ADN. Cada avance añade presión sobre una causa que ya había estremecido a Murcia y que ahora se endurece con un indicio biológico especialmente perturbador.

Mientras el cotejo genético sigue pendiente, el procedimiento continúa avanzando con el cirujano en prisión y varias denuncias activas sobre la mesa. Lo que apareció en esas muestras no resuelve por sí solo toda la verdad, pero sí ha devuelto a primer plano la posibilidad de una prueba directa en un caso marcado por la oscuridad, el abuso de poder y la indefensión de las víctimas.

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