Incendio en Lugo: las llamas arrasan la parrillada Antas y obligan a desalojar varias terrazas del centro

El humo empezó a levantarse en pleno corazón de Lugo cuando el servicio de comidas estaba en marcha y la parrillada Antas tenía mesas ocupadas dentro y fuera. En cuestión de minutos, la escena cambió de una jornada normal de verano a una evacuación precipitada en una de las zonas más concurridas del casco histórico.
El aviso a emergencias llegó a primera hora de la tarde, alrededor de las 13:50, después de que varias personas detectaran una gran cantidad de humo saliendo del local situado en la Rúa do Miño, junto a la Praza do Campo. La intervención se activó en un tramo del día en el que la plaza estaba llena y cualquier demora podía agravar el riesgo.
Los clientes y trabajadores abandonaron el restaurante a toda velocidad mientras la humareda se espesaba dentro del establecimiento y se extendía hacia el exterior. También tuvieron que ser desalojadas terrazas cercanas, porque la columna de humo alcanzó otros negocios de la zona y convirtió el entorno inmediato en un espacio inseguro.
La primera información apunta a que el fuego se originó en la zona de la parrilla, un punto especialmente delicado en un negocio de estas características. A partir de ahí, las llamas encontraron una vía de propagación rápida por el falso techo y por elementos de madera del inmueble, lo que disparó la intensidad del incendio en muy poco tiempo.
El propietario relató que el intento inicial de frenar el avance con extintores no bastó para contener la situación. Cuando el fuego ya se había metido en zonas altas de la estructura, el margen de reacción se redujo de forma drástica y la prioridad pasó a ser sacar a todo el mundo del local antes de que el interior quedara completamente tomado por el humo.
La ausencia de heridos fue el único alivio claro en una intervención que pudo terminar mucho peor por la cantidad de personas concentradas en la zona. El restaurante estaba lleno, las terrazas cercanas también, y todo ocurrió en una franja horaria en la que el centro de Lugo mantiene una alta presencia de vecinos y visitantes.
Hasta el lugar se desplazaron bomberos, Policía Nacional, Policía Local y efectivos de Protección Civil para asegurar el perímetro y evitar que nadie regresara a un edificio aún inestable por temperatura y acumulación de humo. La respuesta tuvo que coordinar evacuación, control del entorno y vigilancia de inmuebles colindantes casi al mismo tiempo.
Los bomberos accedieron también por un patio interior para atacar el incendio desde otra posición y revisar las zonas más comprometidas de la estructura. Ese movimiento fue clave para alcanzar puntos ocultos del fuego, porque buena parte del peligro ya no estaba solo en las llamas visibles, sino en el calor retenido entre techos, vigas y cubiertas.
La intervención se complicó por la configuración del edificio y por la presencia de materiales combustibles en la parte superior del local. En este tipo de incendios, el verdadero problema no es solo apagar lo que arde a la vista, sino evitar que queden focos latentes capaces de reactivarse cuando parece que lo peor ya ha pasado.
Para reducir ese riesgo, los equipos tuvieron que refrigerar paredes, techos y elementos estructurales durante más tiempo del que suele percibirse desde la calle. La Policía Local utilizó además un dron con cámara térmica para revisar el tejado y localizar posibles puntos calientes, una medida orientada a impedir que el fuego se reabriera horas después.
El humo no se quedó en el restaurante y terminó afectando también a plantas superiores y edificios próximos, lo que obligó a mantener restricciones de acceso mientras se comprobaba el estado de cada espacio. Algunos residentes solo pudieron entrar de manera puntual y supervisada para recoger lo imprescindible, en medio de un ambiente todavía cargado.
Con el avance de la tarde, parte de los vecinos fueron regresando a sus casas, aunque la zona siguió bajo vigilancia mientras continuaban las tareas de enfriamiento y revisión. En esas primeras horas, la recomendación fue cerrar ventanas y limitar movimientos cerca del foco, porque la humareda seguía acumulándose en la plaza y en calles cercanas.
Más allá del daño material, el golpe para el negocio es devastador porque llega en pleno verano, cuando la hostelería concentra uno de sus momentos de mayor facturación. El local quedó arrasado y la pérdida económica se perfila severa para un establecimiento muy conocido del centro, justo en la época en la que más trabajo suele registrar.
Lo que queda tras la extinción es la imagen de un restaurante calcinado, una plaza alterada por el humo y una estructura que ahora deberá ser evaluada con detalle antes de pensar en cualquier reapertura. El incendio no dejó víctimas, pero sí una cicatriz visible en una de las zonas más vivas de Lugo y una incertidumbre inmediata sobre el futuro del negocio.






