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Murcia: huye tras degollar a su expareja en una zapatería de un centro comercial pese a la orden de alejamiento

La tarde del 5 de agosto de 2026 terminó convertida en una escena de horror en el centro comercial Carrefour Infante de Murcia. En la trastienda de una zapatería apareció muerta una mujer de 44 años, asesinada presuntamente por su expareja dentro del lugar donde ella trabajaba.

El sospechoso, un hombre de 38 años, abandonó el local después del ataque y se dio a la fuga. Cuando el cuerpo fue hallado, la Policía Nacional activó su búsqueda mientras el centro comercial quedaba atravesado por la tensión de un crimen cometido en pleno entorno cotidiano.

La primera alerta no llegó por una llamada de socorro de la víctima, sino por un mensaje estremecedor. Un trabajador recibió un aviso en el que se le pedía que no se acercara al negocio porque dentro estaba el cadáver de la mujer.

Ese mensaje llevó a un vigilante y a otros empleados hasta el establecimiento. Al abrir la zapatería, encontraron el cuerpo en la zona interior del comercio y comprendieron que ya no quedaba margen para salvarla.

Los servicios de emergencia fueron movilizados alrededor de las 17:25 horas. Hasta el lugar acudieron sanitarios, pero la asistencia solo pudo confirmar la muerte de la víctima, que presentaba una herida gravísima en el cuello.

A partir de ese momento se desplegó el protocolo de una investigación por muerte violenta. Intervinieron agentes de la Policía Nacional, especialistas de la Policía Científica, el Grupo de Homicidios, la UFAM, el médico forense y la autoridad judicial de guardia.

El crimen no se investiga como un estallido repentino entre desconocidos. Las primeras informaciones coinciden en que el presunto agresor era la expareja de la víctima y que ambos tenían una hija en común de cinco años.

Ese dato vuelve todavía más áspero el caso, porque sobre el hombre pesaba una orden judicial de alejamiento. La resolución, dictada en abril de 2026, le prohibía acercarse a la mujer y comunicarse con ella durante dieciséis meses.

La barrera legal no bastó. La víctima fue atacada en un espacio cerrado, en el mismo lugar de trabajo en el que el sospechoso también desarrollaba actividad, una circunstancia que convierte la rutina laboral en el escenario final de una persecución íntima.

La investigación sitúa el ataque en el almacén o trastienda del negocio, lejos de la vista del público general, pero dentro de un centro comercial todavía en funcionamiento. Ese contraste entre normalidad exterior y violencia extrema interior es una de las imágenes más duras que deja el caso.

Mientras los agentes revisaban el local y trataban de reconstruir los últimos movimientos del sospechoso, también quedó bajo foco la existencia de una condena previa por malos tratos. No era una amenaza abstracta ni una sospecha sin antecedentes.

La menor de cinco años quedó a salvo y bajo el cuidado de familiares o de la protección pública provisional, según las informaciones coincidentes conocidas en las horas posteriores. Alrededor de ella queda ahora una historia rota por completo.

En paralelo a la búsqueda del presunto agresor, las autoridades encuadraron el asesinato como un posible nuevo caso de violencia machista. El crimen golpeó a Murcia apenas horas después de otro asesinato de pareja que ya había sacudido al país.

Lo que queda es una secuencia imposible de suavizar: una orden de alejamiento en vigor, una mujer asesinada en su puesto de trabajo, una niña pequeña en medio del vacío y un hombre huido después de dejar atrás un mensaje que anunciaba la muerte.

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