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Nepal detiene a dos hombres tras ser grabados robando joyas a cadáveres de la riada

El barro todavía no se había asentado cuando apareció una de las imágenes más brutales dejadas por la riada en Nepal. Entre cuerpos arrastrados por el agua y familiares hundidos en la búsqueda, dos hombres fueron grabados mientras intentaban arrancar joyas de varios cadáveres atrapados en el lodo.

La escena, registrada a plena luz del día, mostró a uno de los sospechosos inclinándose sobre un hoyo embarrado donde se acumulaban víctimas recuperadas tras la catástrofe. A su lado, el otro usaba una vara de bambú para acercar los cuerpos y facilitar el saqueo de los objetos que todavía llevaban encima.

Las imágenes circularon con rapidez y provocaron una reacción inmediata de indignación en Nepal, donde la riada ya había dejado una cifra de muertos devastadora y cientos de desaparecidos. El vídeo no retrataba solo un robo, sino una profanación en medio de una tragedia nacional todavía abierta.

La investigación quedó en manos de la Policía del distrito de Chitwan, que rastreó a los implicados a partir del material difundido y de los testimonios recogidos en la zona. Los agentes acabaron localizándolos cerca de la estación de autobuses de Pokhara, en Bharatpur, antes de ejecutar la detención.

Los arrestados tienen 25 y 38 años y fueron identificados como Madan Gurung y Umesh Chaudhar. Ambos quedaron bajo custodia policial mientras continúan las diligencias para aclarar si actuaron solos, si sustrajeron más pertenencias y si hubo terceras personas colaborando en el saqueo de los cuerpos.

La gravedad del caso se disparó también por la pasividad del entorno que aparece en la grabación. En lugar de frenar el robo, varias personas se quedaron observando e incluso grabando la escena, mientras los presuntos ladrones manipulaban cadáveres que acababan de ser recuperados tras el avance del agua.

Las autoridades nepalesas advirtieron de que no tolerarán saqueos ni conductas degradantes contra las víctimas durante la emergencia. El mensaje buscó cortar de raíz cualquier intento de convertir el caos posterior a la catástrofe en una oportunidad para expoliar cuerpos o apropiarse de bienes ajenos.

Ese endurecimiento llega en un momento de presión extrema para los equipos desplegados sobre el terreno. La riada y las inundaciones repentinas asociadas al colapso glaciar en la frontera entre Nepal y China han dejado centenares de muertos, grandes daños en infraestructuras y una lista inmensa de desaparecidos.

En ese paisaje de destrucción, los cuerpos comenzaron a aparecer río abajo, incluso en distritos alejados del punto de impacto inicial. Esa dispersión convirtió la recuperación de víctimas en una tarea especialmente cruel y compleja, con comunidades enteras pendientes de identificar restos y rescatar pertenencias.

La detención de los dos hombres no cambia la magnitud del desastre, pero sí marca un límite simbólico en uno de sus capítulos más oscuros. Cuando el duelo colectivo todavía no ha terminado, la imagen de alguien rebuscando oro entre cadáveres resume hasta dónde puede llegar la degradación durante una emergencia.

La repercusión internacional del caso aumentó porque el vídeo apareció cuando medios y organismos seguían informando sobre rescates, evacuaciones y nuevas amenazas en la zona. El hallazgo de más cuerpos y el temor a nuevos desbordamientos habían colocado a Nepal bajo una atención exterior constante durante toda la jornada.

La respuesta policial también funciona como un mensaje hacia las familias de las víctimas, muchas de ellas atrapadas entre la búsqueda de desaparecidos y la necesidad de reconocer cuerpos en condiciones extremas. En ese contexto, el robo de una joya deja de ser un delito patrimonial y se convierte en una agresión moral directa.

Los agentes reforzaron la vigilancia alrededor de las operaciones de recuperación después de que la retirada de objetos de valor generara más tensión entre los vecinos. Además, pidieron a la población que entregue grabaciones, datos o cualquier prueba útil para detectar nuevos saqueos ligados a la catástrofe.

Lo que empezó como un gesto furtivo en medio del barro terminó convertido en una prueba pública imposible de esconder. En un país aún golpeado por la riada, la caída de estos dos hombres deja otra certeza incómoda: incluso ante la muerte masiva, hay quienes siguen viendo botín donde otros solo ven pérdida.

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