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Nuevos meteotsunamis siembran la alerta en las playas de Murcia tras otra retirada brutal del mar

La costa de Murcia volvió a mirar el horizonte con inquietud este viernes 28 de agosto de 2026, cuando el mar se retiró varios metros de forma repentina en distintos puntos del litoral y dejó al descubierto una escena anómala que disparó la alarma entre vecinos, bañistas y servicios de emergencia.

La retracción se hizo visible en zonas de Cartagena, Mazarrón y Águilas, donde la lámina de agua retrocedió mucho más de lo habitual y obligó a vigilar de cerca el posible retorno violento del mar, el momento más peligroso de este fenómeno porque puede sorprender a cualquiera dentro o junto a la orilla.

Las autoridades autonómicas trasladaron que no existía ningún indicio de tsunami sísmico ni de un episodio catastrófico de origen tectónico, pero mantuvieron el aviso por prudencia porque este tipo de oscilaciones puede generar corrientes súbitas, arrastres y caídas incluso cuando el mar parece haberse calmado.

En las playas mediterráneas de Cartagena se llegó a activar la bandera roja de manera preventiva durante las primeras horas del episodio, una medida que buscaba apartar a los bañistas del agua mientras se evaluaba la evolución del nivel del mar y la fuerza con la que podía regresar sobre la arena.

Más tarde, cuando la situación dejó de considerarse crítica, el dispositivo municipal rebajó la restricción y pasó a bandera amarilla, permitiendo el baño con mucha precaución desde las 12:30 horas, aunque la recomendación siguió siendo clara para quienes estaban en primera línea de costa y paseos marítimos.

El Ayuntamiento de Cartagena explicó que sus técnicos no apreciaban datos objetivos para pensar en una amenaza mayor, pero sí asumían la necesidad de actuar con cautela ante un comportamiento marino tan extraño como engañoso, capaz de convertir una mañana de playa en un escenario de riesgo en cuestión de segundos.

La secuencia encaja con lo que se conoce como meteotsunami, un fenómeno atmosférico que provoca cambios bruscos en el nivel del mar sin relación con terremotos y que puede activarse por variaciones rápidas de presión o por inestabilidades asociadas a borrascas próximas sobre el Mediterráneo occidental.

Esa explicación técnica no rebajó del todo la tensión en las zonas afectadas, porque la imagen del fondo marino emergiendo varios metros y la posibilidad de una embestida posterior del agua bastaron para inquietar a residentes, turistas y socorristas, obligados a interpretar en tiempo real un episodio muy poco frecuente.

En La Manga, algunas observaciones situaron la retirada del agua entre tres y cinco metros en varios tramos, con puntos donde el retroceso resultó todavía más acusado, una magnitud suficiente para alterar el baño, desordenar la vigilancia costera y convertir la curiosidad de muchos en un peligro innecesario.

Protección Civil insistió en que el momento delicado no era solo la retirada, sino el regreso del mar y las corrientes que puede dejar a su paso, por eso pidió no acercarse de más, no confiarse ante la aparente calma y respetar en todo momento las indicaciones de socorristas y servicios municipales.

El centro de emergencias de la Región de Murcia comunicó que estas retracciones respondían a causas naturales y recalcó que no se había activado ningún plan especial por tsunami, un matiz importante para frenar rumores, aunque sin suavizar el mensaje principal de prudencia ante un litoral todavía inestable.

El episodio se produce además pocos días después de otros comportamientos anómalos del mar en el arco mediterráneo español, lo que refuerza la sensación de una costa sometida a pulsos repentinos y difíciles de prever, con fenómenos que no dejan destrucción masiva pero sí situaciones muy serias para quienes están expuestos.

Lo más inquietante de esta nueva jornada en Murcia fue precisamente su mezcla de apariencia inocente y amenaza real: primero el agua desaparece, luego deja una falsa sensación de control y, cuando regresa con fuerza, puede arrastrar a bañistas o golpear con violencia a quien se haya acercado demasiado por curiosidad.

Con el baño finalmente reabierto en varias zonas bajo bandera amarilla, la jornada no cerró como una tragedia, pero sí como una advertencia nítida sobre un enemigo extraño que no ruge desde lejos ni llega con sirenas, sino que se insinúa en silencio cuando el mar retrocede y deja a la costa esperando el golpe de vuelta.

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