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Adra, Almería: la siguieron hasta casa y un líquido le dejó una quemadura en el brazo

La mañana del 26 de agosto dejó en Adra una escena breve y brutal que todavía sigue abierta. Una mujer caminaba hacia su domicilio cuando advirtió que un hombre avanzaba detrás de ella, cada vez más cerca, en una secuencia que pasó de la incomodidad al miedo en apenas unos metros.

Eran alrededor de las 09:30 horas cuando, de acuerdo con la denuncia presentada esa misma tarde, el desconocido empezó a hacerle preguntas mientras la seguía por la calle. Una de ellas, si vivía sola, convirtió el trayecto hacia casa en una amenaza directa que ya no sonaba casual ni inocente.

La víctima intentó ignorarlo y mantener el paso, pero el hombre no se desvió ni frenó. Continuó pegado a su recorrido hasta llegar prácticamente a la puerta de la vivienda, cerrando la distancia de una forma insistente y creando una sensación de cerco en un lugar donde ella pensaba estar a salvo.

Cuando la mujer se giró para pedirle que la dejara tranquila, la situación estalló. El individuo llevaba una pequeña botella de plástico en la mano y reaccionó lanzándole el líquido que contenía, con un movimiento rápido que la obligó a cubrirse la cara de forma instintiva para evitar un daño mayor.

Ese gesto de protección hizo que la sustancia impactara finalmente en el antebrazo izquierdo. En un primer instante creyó que podía ser agua, pero la impresión duró muy poco: casi de inmediato empezó el escozor, apareció el enrojecimiento y comenzaron a levantarse pequeñas ampollas en la zona alcanzada.

El agresor huyó del lugar nada más lanzar el líquido, sin dejar explicación y sin volver la vista atrás. La mujer, todavía aturdida por lo ocurrido, trató de dirigirse a su vehículo para llegar por sus medios a un centro sanitario, aunque el estado de nerviosismo terminó desbordando cualquier reacción normal.

La tensión acumulada fue tal que finalmente tuvo que pedir ayuda al 112. La asistencia médica confirmó después que sufría una quemadura de primer grado por posible álcali en el antebrazo izquierdo, una lesión que encajaba con la evolución del dolor, el escozor y la tirantez que describió tras la agresión.

El parte sanitario quedó incorporado a la denuncia, en la que los hechos aparecen recogidos como un presunto delito de lesiones. No se trata solo de una persecución callejera que acabó en susto, sino de una agresión física con una sustancia todavía por determinar y con una víctima que terminó necesitando atención urgente.

La mujer aseguró además que no conocía de nada al atacante y que no encontraba ningún motivo para lo ocurrido. Ese vacío de explicación refuerza el carácter inquietante del episodio, porque convierte la agresión en un acto súbito, sin relación previa conocida y ejecutado a plena luz de la mañana.

Su descripción del sospechoso es ahora una de las piezas clave para tratar de localizarlo. Lo sitúa en torno a los 40 años, de complexión delgada, aproximadamente 1,69 de altura, con pelo moreno, rizado y desarreglado, ojos oscuros, ropa muy sucia y una mochila oscura a la espalda.

La víctima también señaló que el hombre parecía de origen marroquí y recordó que vestía unos vaqueros claros y una camiseta roja descolorida. Son detalles concretos, pero no bastan por sí solos para despejar una investigación que parte con la dificultad añadida de no contar con testigos directos de la escena.

Pese a esa ausencia de testigos, existe una posibilidad que puede resultar decisiva. La denunciante apuntó a la existencia de cámaras de seguridad en el entorno de la rotonda de Las Velas, entre la avenida de la Guardia Civil y la calle Natalio Rivas, una zona por la que el sospechoso pudo quedar registrado.

El golpe físico fue limitado en extensión, pero el impacto psicológico resultó mucho más profundo. Después del ataque, la mujer expresó su miedo a volver a salir a la calle con normalidad, una reacción comprensible cuando un trayecto cotidiano hacia casa termina convertido en una emboscada improvisada.

La Guardia Civil mantiene ahora la investigación para identificar al autor y aclarar qué sustancia llevaba en la botella. Mientras ese nombre siga sin aparecer, en Adra queda la huella de una agresión extraña y perturbadora: una persecución a plena mañana, una pregunta inquietante y un brazo marcado por el escozor.

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