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Argelia: recuperan el cuerpo de Ayoub tras cuatro días atrapado en un pozo

La espera terminó de la peor manera en Ghassoul, una localidad de la provincia argelina de El Bayadh. Los equipos que trabajaban junto al pozo lograron recuperar el cuerpo sin vida de Ayoub, un niño de diez años cuya caída había concentrado durante cuatro días la atención de todo el país.

Ayoub cayó el miércoles 2 de septiembre en un pozo seco situado en la aldea de Rekna. El hueco tenía una profundidad cercana a los 80 metros y una abertura de apenas 40 centímetros, una combinación que convirtió desde el principio el acceso directo en una tarea prácticamente imposible.

El accidente se produjo al ceder una tabla de madera que cubría la boca del pozo cuando el niño regresaba a casa. Tras el derrumbe, desapareció en el interior de una estructura antigua, estrecha y sin agua, donde la tierra acumulada complicó todavía más cualquier posibilidad de alcanzarlo.

La respuesta movilizó a Protección Civil, autoridades locales, maquinaria pesada y especialistas técnicos. La operación no se limitó a bajar por el conducto original: los rescatistas tuvieron que estudiar el terreno y abrir una excavación paralela para intentar llegar hasta el punto en el que había quedado atrapado.

Durante cuatro jornadas, las máquinas removieron tierra junto al pozo mientras el operativo buscaba una vía segura. El diámetro reducido impedía que los equipos descendieran por el mismo lugar de la caída, de modo que la única alternativa viable fue avanzar desde un pozo auxiliar y excavar un paso horizontal.

Las capas de roca dura y la inestabilidad del suelo ralentizaron el avance. Cada metro exigía contener el terreno y proteger a quienes trabajaban bajo tierra, porque un desprendimiento podía cerrar la ruta abierta o poner en riesgo a los propios rescatistas antes de que lograran llegar hasta el niño.

La perforación paralela quedó completada en la madrugada entre el viernes y el sábado. A partir de ese momento, un agente descendió para iniciar la excavación final de un túnel horizontal, el tramo más delicado de una intervención que se prolongó noche y día sin que desapareciera la incertidumbre.

El desenlace llegó el sábado, cuando el operativo alcanzó a Ayoub y recuperó su cuerpo. La noticia cerró una carrera contrarreloj que había mantenido a numerosos vecinos concentrados cerca del lugar, pendientes del ruido de las excavadoras y de cualquier señal que anunciara un cambio en las labores de rescate.

La dimensión humana de la tragedia estuvo marcada por la edad del niño y por los días de esperanza acumulada. En torno al pozo se formó una espera colectiva, mientras familiares y habitantes de la zona seguían un trabajo técnico que dependía de vencer una profundidad extrema, un espacio estrecho y un terreno hostil.

Las autoridades locales organizaron una célula de respuesta para coordinar a los distintos cuerpos desplegados. La recuperación del cuerpo puso fin al dispositivo, pero dejó expuestas las dificultades que plantean los pozos abandonados o protegidos de forma precaria en áreas rurales, donde una cobertura frágil puede convertirse en una trampa.

El pozo en el que cayó Ayoub había sido excavado con métodos tradicionales y permanecía seco. Su estrechez hizo imposible una entrada convencional y obligó a recurrir a una estrategia de ingeniería de mayor escala, con una zanja y un eje paralelo que permitieran aproximarse sin desencadenar nuevos derrumbes en el conducto original.

La muerte del niño ha provocado una profunda conmoción en Argelia y ha reabierto la preocupación por la seguridad de estas cavidades. El caso demuestra que un elemento aparentemente menor, como una tabla deteriorada sobre una boca sin protección suficiente, puede romper la rutina de una comunidad y desatar una emergencia de enorme complejidad.

La operación también ha devuelto a la memoria otros rescates seguidos durante días en el norte de África y España. Sin embargo, cada pozo impone condiciones propias: la distancia hasta la víctima, la dureza del subsuelo, el tamaño de la abertura y la estabilidad de las paredes determinan qué maniobras son posibles y cuánto tiempo requieren.

En Ghassoul queda ahora el vacío de una intervención que terminó demasiado tarde. Cuatro días de excavación, equipos movilizados y una comunidad suspendida alrededor de un agujero de 80 metros no pudieron cambiar el final de Ayoub, cuyo cuerpo fue recuperado cuando el rescate ya se había convertido en una despedida.

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