La pareja con la que vivía Álex Navarro deja la vivienda registrada en Ronda tras salir en libertad

La vivienda de la calle Jimera de Líbar, en la barriada rondeña de La Dehesa, vuelve a quedar en el centro de una historia que no ha terminado. Allí vivía Alejandro Navarro Ríos antes de que su rastro se perdiera en mayo de 2024, y allí se concentró uno de los últimos grandes operativos policiales del caso.
La pareja con la que convivía el joven, Paco y Nuria, habría dejado ese domicilio después de recuperar la libertad provisional. El movimiento llega apenas unos días después de que los investigadores entraran de nuevo en la casa con maquinaria y especialistas, buscando indicios que pudieran romper un silencio de más de dos años.
Alejandro tenía 25 años cuando desapareció en Ronda. Desde entonces, su ausencia ha ido acumulando preguntas, búsquedas en distintos puntos de la ciudad y una espera devastadora para su familia. Cada avance del caso vuelve a señalar el mismo vacío: todavía no se sabe qué ocurrió con él ni dónde está.
El registro de septiembre devolvió la atención a La Dehesa. La actuación incluyó la inspección del inmueble donde Alejandro residía y el uso de una miniexcavadora en el entorno de la vivienda. Los agentes recogieron muestras y mantuvieron abiertas las diligencias para analizar cualquier elemento que pueda tener relevancia en la causa.
Cuatro personas fueron detenidas durante ese operativo por su posible relación con la desaparición. Entre ellas estaban Paco y Nuria, además de otros dos integrantes de su entorno. Tras pasar a disposición judicial, los cuatro quedaron en libertad provisional, aunque siguen investigados en una causa por homicidio o asesinato y malos tratos.
La libertad provisional no cerró la investigación. Los investigados deben comparecer periódicamente ante la Justicia y permanecen sujetos a las medidas acordadas en la instrucción. Parte de las actuaciones continúa bajo secreto, una circunstancia que mantiene fuera de la vista pública muchos de los detalles que podrían explicar el alcance de las pesquisas.
Paco y Nuria se habrían trasladado al centro de Ronda, junto a una familiar, en vez de volver a la vivienda que acababa de ser registrada. Los otros dos investigados sí habrían regresado a su bloque de La Dehesa. La diferencia entre ambos movimientos añade una nueva escena a un caso marcado por las ausencias y por una casa convertida en foco de investigación.
El domicilio no era un lugar cualquiera dentro del relato de la desaparición. Era el espacio cotidiano del joven antes de que dejara de dar señales de vida, el lugar desde el que se reconstruyen rutinas, relaciones y últimas horas. Por eso la entrada policial en septiembre concentró una expectativa enorme entre quienes llevan años esperando una respuesta.
Los trabajos recientes no han anunciado un hallazgo que resuelva el caso. La Policía mantiene activas las pesquisas y analiza los indicios obtenidos durante los registros. En investigaciones de este tipo, una muestra, una contradicción o una conversación pendiente puede alterar de golpe una línea que parecía agotada.
La familia de Alejandro recibió con dolor la decisión judicial de dejar en libertad provisional a los detenidos. Para ellos, el tiempo no ha suavizado la herida ni ha reducido la urgencia. La desaparición sigue siendo una presencia constante en Ronda: una fecha detenida, una habitación vacía y una pregunta que nadie ha conseguido responder.
Las primeras búsquedas se extendieron por zonas próximas a La Dehesa y al Punto Limpio, y la investigación ha atravesado etapas de intensa actividad y periodos sin noticias públicas. El operativo de septiembre reabrió la tensión alrededor de una desaparición que nunca dejó de estar formalmente abierta.
La salida de la pareja investigada de la vivienda registrada no modifica por sí sola su situación procesal. Tampoco constituye una respuesta sobre el paradero de Alejandro. Pero ocurre en un momento especialmente sensible, cuando el caso ha vuelto a reunir detenciones, registros y la intervención de unidades especializadas.
En Ronda, la casa de La Dehesa queda asociada ahora a dos tiempos superpuestos: el de la convivencia que precedió a la desaparición y el de la investigación que intenta reconstruirla. Entre ambos hay más de dos años de incertidumbre, diligencias judiciales y una familia que sigue esperando que alguien pueda cerrar el círculo.
Alejandro Navarro Ríos continúa desaparecido. La causa sigue abierta, los cuatro investigados continúan vinculados al procedimiento y los análisis del último operativo todavía pueden aportar novedades. Hasta que aparezca una respuesta verificable, cada paso alrededor de aquella vivienda seguirá teniendo el peso de una historia suspendida.






