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Le dieron el alta, salía en silla de ruedas y un patrullero lo atropelló dentro del hospital en Santa Fe

La escena que debía cerrar una internación terminó convertida en una pesadilla. Un joven de 20 años salía del Hospital José María Cullen, en Santa Fe, después de una operación en una pierna, cuando un patrullero irrumpió en la guardia y lo atropelló mientras estaba en silla de ruedas.

El episodio ocurrió el martes sobre la avenida Freyre, en el acceso al sector de admisión del centro de salud. Según la reconstrucción difundida por las coberturas coincidentes, el móvil policial acompañaba el ingreso urgente de una ambulancia que llegaba en código rojo y debía abrirle paso en medio de la tensión.

En esa maniobra apurada, algo salió mal. El conductor del patrullero intentó mover la camioneta para despejar la entrada, pero terminó perdiendo el control, impactó contra las rejas del acceso principal y avanzó hasta meterse dentro del área de guardia, donde había pacientes y acompañantes circulando.

El joven acababa de recibir el alta tras una cirugía en la que le habían colocado un clavo intramedular en la pierna. Su salida del hospital ya implicaba una recuperación delicada, con movilidad reducida y asistencia para abandonar el edificio, pero el golpe del patrullero lo devolvió de inmediato al mismo lugar del que estaba por irse.

La violencia del ingreso del vehículo no solo destruyó parte de la estructura de acceso, sino que convirtió un espacio sanitario en una zona de riesgo en segundos. El patrullero atravesó la línea de seguridad del hospital y dejó heridos dentro de un sitio preparado para recibir urgencias médicas, no para soportar un choque policial.

Entre las personas afectadas también apareció una mujer de 57 años que advirtió el avance de la camioneta y se arrojó al suelo para no ser embestida. Fue revisada por profesionales del hospital y, de acuerdo con la información difundida, no presentaba lesiones graves cuando terminó la primera asistencia.

Otra de las piezas más inquietantes del caso es que dentro del patrullero iba un cuidacoches detenido al momento del hecho. Ese hombre resultó ileso, mientras alrededor suyo el vehículo había dejado una secuencia de destrucción, gritos y pacientes heridos en uno de los accesos más sensibles del hospital santafesino.

La subdirección del Hospital Cullen confirmó que hubo tres heridos y que todos quedaron bajo observación médica. El dato más impactante seguía siendo el del paciente recién operado, porque había logrado completar su tratamiento inicial y, a metros de salir, terminó reingresando por traumatismos causados por la irrupción del móvil policial.

El caso expuso una paradoja brutal: una maniobra realizada para facilitar una emergencia terminó provocando otra dentro del propio hospital. La urgencia de la ambulancia en código rojo marcó el contexto, pero el resultado dejó al descubierto que una decisión mal ejecutada puede volver frágil incluso un entorno que debería estar controlado.

La guardia del hospital continuó operativa después del choque, aunque con accesos reorganizados mientras avanzaban las pericias y la reparación del ingreso dañado. Esa continuidad del servicio evitó un colapso mayor, pero no borró la gravedad de una escena donde un móvil estatal terminó irrumpiendo en plena zona de atención.

La historia del joven concentra el costado más oscuro del episodio porque resume el derrumbe repentino de una expectativa normal. Iba a volver a su casa tras una intervención en la pierna, sentado en una silla de ruedas y bajo cuidados, pero en lugar de cerrar la jornada tuvo que volver a ser atendido por el impacto.

Las versiones publicadas coinciden en que el paciente quedó con traumatismos en los miembros inferiores y fue evaluado otra vez por el mismo servicio que lo había intervenido. Ese detalle refuerza la dimensión absurda del hecho: la misma institución que le acababa de firmar el alta tuvo que recibirlo otra vez por un accidente ajeno a su recuperación.

También quedó bajo la lupa el modo en que se ejecutó el operativo alrededor de la ambulancia y del ingreso hospitalario. Aunque el contexto era urgente, el episodio abrió interrogantes inevitables sobre la maniobra del conductor, la coordinación en la puerta de la guardia y el margen real de seguridad para quienes estaban allí.

Con los heridos fuera de peligro, el impacto público del caso se sostuvo por la crudeza de su imagen: un paciente saliendo del hospital, una silla de ruedas en la línea de avance y un patrullero atravesando la entrada como si el caos hubiera invadido el único lugar que debía ofrecer resguardo.

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