Los Gallardos: la muerte de Michelle Leake eleva a 15 las víctimas del incendio

El incendio de Los Gallardos vuelve a dejar una cifra imposible de pronunciar sin detenerse: quince personas han muerto ya a consecuencia del fuego que arrasó parte del Levante almeriense el 9 de julio. La última víctima es Michelle Leake, que permanecía ingresada desde entonces con quemaduras muy graves.
Leake murió durante la madrugada del 8 de septiembre en la Unidad de Quemados del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Su fallecimiento rompe una espera de casi dos meses y convierte aquella jornada de verano en una tragedia todavía abierta para las familias que siguen contando ausencias.
La mujer, de nacionalidad británica y vecina de Canjáyar, llevaba más de veinte años viviendo en España. Trabajaba como cuidadora de personas mayores y el día del incendio se encontraba en Bédar atendiendo a una anciana de 93 años cuando el fuego empezó a cerrar las salidas.
Las dos mujeres intentaron abandonar la zona en coche, pero el avance de las llamas ya había cortado la carretera por la que pretendían escapar. Tuvieron que dejar el vehículo en un momento de máxima confusión, con el humo y el fuego extendiéndose sobre un terreno difícil y lleno de viviendas dispersas.
Cuando Michelle Leake ayudaba a salir del coche a la anciana que cuidaba, una bola de fuego las alcanzó. Los ocupantes de otro vehículo lograron auxiliarlas y ponerlas a salvo antes de que fueran evacuadas, pero las heridas que sufrieron marcaron el desenlace de ambas historias.
Leake fue trasladada en helicóptero a Sevilla al día siguiente. Tenía quemaduras en más del 40 por ciento de su cuerpo, permaneció sedada y necesitó ventilación mecánica. La mujer a la que asistía fue llevada al Hospital Torrecárdenas de Almería y murió poco después de aquel intento de huida.
Con la muerte de Michelle Leake, quedan dos personas heridas hospitalizadas en Sevilla. El nuevo balance añade otro nombre a un incendio que ya había causado doce muertes el mismo día en que se declaró y que después siguió cobrándose vidas entre quienes lograron salir de la zona afectada.
El fuego se originó la tarde del 9 de julio y avanzó con una velocidad extrema por una comarca de barrancos, monte y núcleos aislados. Las llamas llegaron a propagarse a 128 metros por minuto, una rapidez que redujo de forma brutal el margen de decisión de quienes quedaron atrapados en carreteras y viviendas.
La superficie quemada alcanzó las 5.200 hectáreas. El daño no terminó cuando se apagaron los frentes más peligrosos: dejó casas, vehículos y caminos atravesados por una memoria reciente que ha convertido cualquier alarma en un sobresalto. El número de fallecidos sitúa este incendio entre los más devastadores de Andalucía.
La historia de Michelle Leake concentra la violencia de aquella tarde. Había construido su vida en la provincia, cuidaba a una mujer vulnerable y trató de sacarla del peligro cuando la salida ya estaba bloqueada. Su muerte llega después de semanas de tratamiento intensivo y de una movilización familiar para sostener su recuperación.
Los familiares de fallecidos y heridos han impulsado una plataforma para financiar su personación en la investigación judicial que se sigue en Vera. Su objetivo es aclarar no solo cómo comenzó el incendio, sino también qué ocurrió con las medidas de prevención, los avisos y las decisiones tomadas mientras el fuego cercaba a los vecinos.
Una parte central de esa investigación es la evacuación. Las familias y varios supervivientes reclaman que se revisen las comunicaciones de emergencia, los registros de coordinación y las instrucciones que recibieron los residentes. La cuestión no se limita al origen de las llamas: trata de reconstruir por qué distintas personas quedaron expuestas al mismo avance del fuego.
La tragedia golpeó además a una población con numerosos residentes extranjeros y viviendas diseminadas en el entorno forestal. Esa combinación hizo más compleja la evacuación y ha dejado un debate sobre cómo alertar con rapidez a quienes viven alejados de los núcleos urbanos, con rutas limitadas y un incendio capaz de cortar un camino en minutos.
Quince muertes después, Los Gallardos no es solo el lugar donde ardieron miles de hectáreas. Es también el nombre de una secuencia de huidas truncadas, hospitales y familias que esperan respuestas. La muerte de Michelle Leake actualiza el balance, pero no cierra la herida de un fuego cuyas consecuencias siguen presentes.






