Muere un motorista de 57 años tras chocar con un coche en la TF-5 a la altura de Los Realejos

La tarde del martes 1 de septiembre de 2026 quedó rota en la TF-5 por una escena de violencia súbita y asfalto detenido. Un motorista de 57 años murió tras una colisión con un turismo a la altura de la salida de la playa del Socorro, en el municipio tinerfeño de Los Realejos.
La alerta entró en el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad 112 a las 15:44 horas. La llamada describía un choque entre una motocicleta y un coche en uno de los puntos de paso más transitados del norte de la isla, justo cuando la circulación seguía su ritmo ordinario de media tarde.
Desde la sala operativa se activaron de inmediato los recursos de emergencia y se mantuvo al alertante al otro lado del teléfono. Durante esos primeros minutos se dieron instrucciones de teleasistencia para comprobar el estado del herido e iniciar maniobras de reanimación mientras llegaban los equipos sanitarios.
Cuando el personal del Servicio de Urgencias Canario alcanzó el lugar, el motorista seguía en parada cardiorrespiratoria. Los sanitarios continuaron con maniobras de reanimación cardiopulmonar avanzadas, pero el intento de arrancarlo de la muerte no dio resultado y solo pudieron confirmar el fallecimiento.
La víctima era un hombre de 57 años. Su edad introduce una dimensión concreta y devastadora en un siniestro que, en apenas unos minutos, convirtió un trayecto ordinario por autopista en el final irreversible de una vida atrapada en el impacto y en la respuesta desesperada de quienes trataron de salvarla.
El choque se produjo en la salida de la playa del Socorro, una zona conocida del municipio de Los Realejos y muy utilizada por conductores que enlazan los desplazamientos cotidianos con los accesos del norte de Tenerife. Allí, la presencia de los servicios de emergencia convirtió el tramo en un escenario de tensión y bloqueo.
En el operativo participaron también agentes de la Guardia Civil, encargados de regular la circulación y abrir las diligencias para esclarecer las circunstancias exactas de la colisión. Su trabajo en la calzada fue clave para asegurar la zona y reconstruir cómo se produjo el impacto entre ambos vehículos.
Junto a ellos actuó el Servicio de Conservación de Carreteras, movilizado para limpiar la vía tras el siniestro, y efectivos de Bomberos de Tenerife, que colaboraron con el resto de recursos desplegados. La imagen fue la de una respuesta amplia, técnica y urgente ante un episodio que ya había alcanzado el peor desenlace posible.
Las primeras corroboraciones externas coincidieron en el núcleo del suceso: el lugar, la hora aproximada, la implicación de un turismo y una motocicleta y la muerte de un hombre de 57 años. Esa coincidencia entre fuentes distintas refuerza una reconstrucción factual marcada por la rapidez del accidente y la inutilidad final del auxilio.
El dato de la parada cardiorrespiratoria desde los primeros avisos revela la gravedad extrema con la que quedó el motorista tras la colisión. Incluso antes de la llegada de la ambulancia, el cuadro descrito por quienes pidieron ayuda ya apuntaba a un estado crítico que exigía actuaciones inmediatas para intentar sostener la vida.
La TF-5, una de las arterias principales del norte tinerfeño, volvió así a convertirse en el escenario de un episodio mortal. La combinación de velocidad, impacto y exposición del cuerpo del motorista frente a la estructura de un turismo dejó una escena breve en duración, pero brutal en sus consecuencias humanas.
A esa hora de la tarde, cada minuto pesó de forma distinta para quienes estaban en la carretera. Para unos fue una retención más en una autopista alterada; para otros, la visión directa de una muerte en medio del tráfico; para los equipos de emergencia, una intervención contrarreloj que terminó sin margen para revertir el daño.
La investigación deberá concretar la secuencia exacta del choque, pero el hecho central ya no admite corrección posible: un hombre salió a la carretera y no volvió. El siniestro deja además una huella operativa en la vía y una herida silenciosa alrededor de una víctima cuya identidad pública quedó reducida a la edad y al lugar.
Con el tráfico regulado, la calzada limpiada y las diligencias en marcha, la autopista recuperó su movimiento. Sin embargo, sobre el asfalto de la salida del Socorro quedó fijado otro episodio de muerte repentina en carretera, una noticia breve en su forma y enormemente pesada en lo que cuenta.






