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Raúl Asencio, condenado por conducir ebrio en Gran Canaria tras dar casi cuatro veces la tasa

La madrugada del 16 de agosto dejó algo más que un control rutinario en el sur de Gran Canaria. Raúl Asencio, defensa del Real Madrid y natural de la isla, fue interceptado en San Bartolomé de Tirajana y acabó entrando en una vía penal después de que la prueba de alcoholemia arrojara 0,90 miligramos por litro de aire espirado.

La cifra no era un simple exceso administrativo. En España, superar los 0,60 miligramos por litro en aire espirado ya sitúa el caso en el terreno del delito contra la seguridad vial, y la marca atribuida al futbolista rozaba cuatro veces el límite general permitido para conductores, fijado en 0,25.

Según la información coincidente publicada este 2 de septiembre de 2026 por varios medios, el jugador admitió los hechos en un juicio rápido celebrado tres días después del control. Esa admisión evitó una batalla judicial más larga, pero no borró el peso de una condena que ya ha quedado formalizada.

La resolución impuso una multa de cuatro meses con una cuota diaria de 120 euros, lo que eleva la sanción económica total a 14.400 euros. Junto a ese castigo, el tribunal acordó la retirada del permiso de conducir durante ocho meses, una consecuencia automática de enorme impacto público cuando afecta a un futbolista de primera línea.

La escena resulta todavía más áspera por el contraste entre la normalidad del contexto y la gravedad jurídica del resultado. No se ha informado de accidente, heridos ni conducción temeraria, pero la tasa registrada bastó por sí sola para abrir un procedimiento penal y cerrar el caso con condena.

El control tuvo lugar en San Bartolomé de Tirajana, uno de los grandes núcleos del sur de Gran Canaria. Allí, en un dispositivo preventivo de tráfico, los agentes detuvieron el vehículo que conducía Asencio y activaron una secuencia que en apenas unos días pasó de la carretera al juzgado.

El caso también golpea por el momento en que emerge. Asencio, de 23 años, no es un nombre periférico, sino un futbolista vinculado al Real Madrid cuya proyección deportiva convierte cualquier episodio extradeportivo en un asunto de alto voltaje mediático y reputacional.

A esa presión se suma otro frente mucho más delicado. El jugador figura además entre los encausados en una causa distinta que debe celebrarse en septiembre en Gran Canaria, relacionada con la presunta grabación y difusión no autorizada de contenido sexual, un procedimiento que ya había situado su nombre bajo una atención pública extrema.

La nueva condena no pertenece a ese sumario, pero sí agrava la imagen de un futbolista atrapado entre los focos y los tribunales. La sensación que deja no es la de un simple tropiezo nocturno, sino la de una carrera deportiva atravesada por decisiones que ya tienen consecuencias penales concretas y medibles.

La rapidez con la que se resolvió esta causa refleja el funcionamiento habitual de los juicios rápidos en delitos de seguridad vial cuando existe reconocimiento de los hechos. El sistema comprime tiempos, reduce la incertidumbre procesal y convierte una madrugada de control en una condena firme en cuestión de días.

Más allá del nombre del condenado, el dato central sigue siendo la tasa. Conducir con 0,90 miligramos por litro en aire espirado no describe un descuido menor, sino un nivel de intoxicación que el Código Penal considera suficientemente grave como para activar reproche criminal incluso sin que llegue a producirse un siniestro.

También queda expuesta la fragilidad del prestigio cuando una figura pública cae en un procedimiento tan elemental y evitable. No hizo falta una investigación compleja ni una cadena de indicios: bastó un control preventivo, una medición objetiva y una admisión posterior para derribar cualquier margen de discusión sobre lo ocurrido.

El golpe económico y la retirada temporal del carné son la parte visible de la condena, pero el daño de fondo es más amplio. En el ecosistema del fútbol profesional, donde cada conducta extradeportiva afecta a clubes, patrocinio e imagen pública, una sentencia así se convierte en una mancha inmediata y difícil de contener.

Ahora la noticia ya no gira en torno a rumores ni a un incidente sin cierre, sino a una resolución concreta con fecha, cifra y castigo. El 2 de septiembre de 2026 ha dejado fijado ese desenlace: Raúl Asencio fue condenado por conducir ebrio en Gran Canaria y la noche del control ya forma parte de su expediente judicial.

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