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Un lagar se queda sin aire en Monterrei: muere un hombre mientras hacía vino

La noche cayó sobre Sandín, una pequeña localidad de la parroquia de Flariz, con una ausencia que empezó a inquietar a los vecinos. Un hombre de 63 años llevaba tiempo sin dar señales mientras trabajaba en un lagar, dedicado a la elaboración de vino en plena temporada de vendimia.

La alerta se activó poco antes de las 21:50 horas. El aviso llegó a los servicios de emergencia después de que quienes lo conocían advirtieran que llevaban aproximadamente una hora sin noticias suyas y temieran que algo grave hubiera sucedido dentro del bajo donde se encontraba.

Varios allegados se desplazaron hasta el lugar y lo localizaron inconsciente en el interior del lagar. Lograron llevar su cuerpo al exterior, pero la situación ya era extrema: el personal sanitario movilizado hasta Sandín solo pudo confirmar el fallecimiento del vecino.

El trabajo que realizaba no había dejado señales visibles de peligro desde fuera. Estaba haciendo vino, una tarea cotidiana en la comarca de Monterrei, pero la fermentación de la uva había transformado el espacio cerrado en una atmósfera en la que respirar resultaba imposible.

Los bomberos de Verín realizaron mediciones cuando llegaron al recinto. El resultado fijó la dimensión del riesgo: dentro del lagar apenas había un 10 % de oxígeno, una concentración incompatible con la vida y muy lejos de las condiciones normales necesarias para permanecer consciente.

Durante la fermentación, la transformación del mosto libera dióxido de carbono. En un lugar con ventilación insuficiente, ese gas puede acumularse cerca del suelo y desplazar el oxígeno sin crear necesariamente una alarma evidente para quien entra o trabaja en el interior.

El aire del lagar se había vuelto irrespirable. La hipótesis inicial sitúa la acumulación de gases generados por el proceso de elaboración del vino en el centro de la tragedia, aunque las diligencias abiertas deberán concretar todas las circunstancias del fallecimiento.

La emergencia movilizó a los bomberos de Verín, al servicio sanitario y a la Guardia Civil. La intervención tuvo dos frentes inevitables: atender el aviso que ya llegaba demasiado tarde y comprobar qué condiciones había dejado la fermentación dentro de aquel espacio reducido.

Sandín pertenece a Flariz, en el municipio ourensano de Monterrei, una zona estrechamente vinculada al vino y a la vendimia. Esa relación cotidiana con las bodegas y lagares no reduce el peligro cuando el trabajo se realiza en recintos cerrados donde el gas queda atrapado.

La muerte ocurrió en un momento de actividad intensa para muchas familias y pequeños productores. La elaboración doméstica o artesanal puede concentrar la fermentación en estancias de poca altura, sótanos o bajos, donde una ventilación deficiente convierte el descenso del oxígeno en una amenaza silenciosa.

El dióxido de carbono no se percibe como una advertencia clara en todos los casos y puede desplazar rápidamente el aire respirable. Por eso, una persona puede perder la consciencia sin disponer de tiempo suficiente para pedir ayuda o alcanzar la salida si entra sola en el recinto.

La concentración detectada por los bomberos explica la gravedad del escenario encontrado aquella noche. Con solo una décima parte de oxígeno en el ambiente, el lagar había dejado de ser el lugar de trabajo habitual para convertirse en un espacio letal antes de que nadie pudiera intervenir.

La Guardia Civil se hizo cargo de las diligencias tras el suceso. La investigación deberá confirmar la secuencia exacta de lo ocurrido, mientras el dato conocido mantiene el foco en una causa ligada a los gases de fermentación y a la falta extrema de oxígeno dentro del lagar.

La tragedia deja una advertencia dura al comienzo de la vendimia en Monterrei: el riesgo no siempre tiene humo, ruido ni una señal inmediata. En un cuarto cerrado, el vino que empieza a fermentar puede alterar el aire hasta que la puerta de salida queda demasiado lejos.

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