Apagón en Ceuta: una oscilación deja sin luz a toda la ciudad durante 55 minutos

Ceuta amaneció con un silencio extraño. A las 9:39, la electricidad desapareció de golpe en toda la ciudad autónoma y convirtió una mañana ordinaria en una sucesión de persianas inmóviles, semáforos apagados y comercios detenidos antes incluso de abrir sus puertas.
El episodio fue descrito como un cero energético: una pérdida total de tensión que dejó sin suministro al conjunto de la ciudad. No se trató de un corte aislado en una calle o un barrio, sino de una incidencia que alcanzó a una población entera en cuestión de minutos.
La primera recuperación comenzó alrededor de las 10:15, pero no devolvió la normalidad de una sola vez. La luz regresó de forma progresiva, por fases y con ritmos distintos, mientras el centro de Ceuta concentraba las consecuencias más persistentes del apagón.
En las zonas más afectadas, la interrupción rozó una hora. La reposición completa del suministro llegó a las 10:34, 55 minutos después de que empezara la incidencia, tras un proceso técnico que obligó a reconstruir la red con cautela para evitar nuevas desconexiones.
La caída del grupo 11, encargado de distribuir energía en la zona centro, fue la explicación inicial trasladada desde la ciudad. Su fallo arrastró al resto del sistema y desencadenó el cero de tensión que dejó a Ceuta sin electricidad durante la mañana.
La investigación posterior situó el origen de la cadena en una oscilación registrada en el parque de 220/132 kilovoltios de la subestación de Algeciras. El incidente afectó a la interconexión submarina que enlaza la Península con Ceuta y alteró el equilibrio de la red.
En ese instante, los grupos de generación de la central de Ceuta sostenían la totalidad del consumo de la ciudad. La oscilación activó protecciones en la red de distribución y en la propia central, provocando el deslastre del grupo 11 y la desconexión de siete líneas de media tensión.
El impacto fue inmediato en la actividad cotidiana. Muchos negocios no pudieron iniciar la jornada o tuvieron que interrumpirla, con cajas, persianas y equipos sin posibilidad de funcionar. El apagón convirtió las zonas comerciales en espacios suspendidos, a la espera de que volviera la corriente.
Los centros sanitarios recurrieron a sus sistemas de generación de emergencia para mantener los servicios esenciales. La planta desalinizadora continuó operativa gracias a sus propios generadores, una excepción decisiva en una ciudad donde el agua y la energía están estrechamente conectadas.
La reposición no fue uniforme porque la seguridad del sistema exigía recuperar las líneas de manera escalonada. Ese regreso por tramos explica por qué algunos puntos volvieron a encenderse antes que otros y por qué la sensación de apagón se prolongó más allá del primer restablecimiento.
La incidencia en Cádiz desconectó los cables de interconexión con Ceuta, pero esa circunstancia no basta todavía para explicar todas las consecuencias sufridas en la ciudad. El origen exacto de la pérdida de producción y de la desconexión general continúa bajo análisis técnico.
Durante el corte no se registraron clientes afectados en la Península. La configuración de la red continental absorbió la oscilación y mantuvo estable el suministro al otro lado del Estrecho, una diferencia que subraya la vulnerabilidad específica de una red aislada por el mar.
Los equipos técnicos activaron el protocolo de reposición nada más producirse el fallo. Esa intervención permitió recuperar el servicio para todos los clientes afectados antes de las once de la mañana, aunque la rapidez de la maniobra no borra la magnitud de un apagón que alcanzó a toda Ceuta.
Ahora queda una pregunta abierta detrás de las luces que ya han vuelto: por qué una oscilación terminó apagando una ciudad entera. La respuesta dependerá de las comprobaciones en la interconexión, la distribución y la central, mientras Ceuta mide la fragilidad que reveló aquella mañana.






