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El Baba admite el disparo mortal en El Torrejón y alega que actuó por miedo

La declaración llegó en la última jornada del juicio con jurado por el tiroteo de El Torrejón, en Huelva. M.S., conocido como El Baba, reconoció haber efectuado el disparo que acabó con la vida de su cuñado R.M. el 10 de septiembre de 2024. No negó el desenlace, pero situó el disparo dentro de una reacción marcada, afirmó, por el miedo a ser atacado.

El acusado se enfrenta a una petición de 28 años y medio de prisión por asesinato con alevosía, tentativa de homicidio y tenencia ilícita de armas. La Fiscalía mantiene que el proceso debe esclarecer una secuencia de violencia que dejó una persona muerta y otras dos heridas. El jurado tendrá que decidir qué parte de las versiones enfrentadas encaja con las pruebas expuestas.

En su relato, M.S. sostuvo que el conflicto comenzó en la calle, cuando L.M., hermano del fallecido y también acusado, pasó varias veces en coche frente a su vivienda. Describió esos movimientos como provocadores y aseguró que, en la última ocasión, partieron disparos desde el vehículo. Dijo que uno de aquellos impactos hirió al hombre que se encontraba con él.

Tras ese momento, afirmó haber buscado refugio en el edificio y haber subido a su domicilio. Desde una ventana, explicó, realizó disparos dirigidos a las ruedas del coche con el propósito de que abandonara el lugar. Su versión es que no alcanzó el vehículo y que aquellos tiros formaban parte de una respuesta defensiva a un ataque previo.

El punto decisivo de su declaración se situó después, en el rellano del inmueble. M.S. afirmó que R.M. llegó hasta allí con un cuchillo en la mano y profiriendo amenazas. Explicó que efectuó primero dos disparos disuasorios y que terminó disparando cuando creyó que la agresión era inminente. Esa es la base de su alegación de miedo y defensa propia.

La otra declaración principal dibujó una escena completamente distinta. L.M. negó haber disparado desde su coche y sostuvo que fue M.S. quien abrió fuego por detrás mientras él circulaba. Aseguró que recibió un impacto en la cabeza, perdió el control del vehículo y terminó chocando. También rechazó que las armas o restos localizados después le pertenecieran.

La contradicción no es un detalle menor dentro de la vista. Determinar quién inició los disparos condiciona la lectura de todo lo ocurrido aquella tarde, desde la reacción posterior dentro del edificio hasta la muerte de R.M. Las dos defensas buscan que el jurado interprete los hechos desde puntos de partida incompatibles y con consecuencias penales muy diferentes.

El tiroteo ocurrió en septiembre de 2024 en la barriada onubense de El Torrejón. La causa llegó a juicio con tres acusados y con peticiones de pena diferenciadas. Para M.S. se reclaman 20 años por asesinato, siete por tentativa de homicidio y un año y medio por tenencia ilícita de armas. L.M. afronta una petición de 15 años y medio por dos delitos de tentativa y armas.

Durante su intervención final, M.S. insistió en que no quería matar a su cuñado y que temió por su propia vida. Reconoció además que carecía de licencia para el arma y que huyó después de los hechos. La admisión del disparo mortal no zanja por sí sola el debate judicial, porque el acusado pretende que se valore el contexto que, a su juicio, explica por qué lo hizo.

La acusación sostiene una calificación de asesinato con alevosía, mientras la defensa de M.S. solicita que se aprecie una eximente o una atenuante vinculada al miedo insuperable. También plantea una alternativa de homicidio en vez de asesinato. Esas posibilidades sitúan el caso en una frontera jurídica delicada: aceptar la autoría no equivale a resolver automáticamente la responsabilidad penal.

El otro acusado mantiene que nunca disparó y que fue alcanzado antes de perder el control del coche. Su defensa cuestiona además el valor de los elementos hallados en el vehículo, al alegar que estuvo sin vigilancia durante horas. La disputa sobre esa evidencia se suma a los testimonios opuestos y convierte la reconstrucción de los minutos iniciales en una de las claves del veredicto.

A lo largo del juicio también han aparecido referencias a los graves episodios de violencia sufridos después por familiares de M.S. en Isla Cristina. El acusado los evocó en su último turno de palabra al pedir que L.M. fuera encarcelado. Esos hechos no sustituyen la prueba sobre el tiroteo de 2024, pero explican la tensión extrema que rodeó una declaración ya marcada por el miedo y la acusación mutua.

El jurado popular recibirá el objeto del veredicto antes de retirarse a deliberar. Su tarea será valorar las declaraciones, los informes periciales y el resto de la prueba para establecer qué ocurrió realmente en El Torrejón. La distancia entre las versiones sigue siendo total: una habla de una reacción desesperada; la otra, de un ataque iniciado por el propio acusado.

Por ahora no existe una sentencia que cierre el relato de aquella tarde. La confesión de haber realizado el tiro mortal ha colocado a M.S. ante una responsabilidad directa que él no discute, pero el juicio sigue abierto sobre el origen de la violencia y la intención que acompañó al disparo. La decisión del jurado determinará si el miedo alegado tiene peso suficiente frente a la acusación de asesinato.

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