Familias entregan ADN tras el accidente de Urda: la espera de una hermana sin noticias

Una joven acaba de hacerse una prueba de ADN y sigue sin saber dónde está su hermano. Viajaba en el vagón 8 del AVE accidentado en Toledo este miércoles 28 de octubre. La muestra ya está entregada; la respuesta que necesita todavía no ha llegado.
La hermana explica que desconoce si lo han trasladado a algún hospital y dónde podría encontrarlo. Su temor nace de la falta de contacto: cree que, si pudiera hacerlo, él habría buscado alguna manera de avisar a la familia. Esa convicción no confirma su destino.
El testimonio llega mientras otros allegados se acercan a las dependencias habilitadas para aportar muestras genéticas. Desde primera hora de la tarde, familiares de desaparecidos acuden al acuartelamiento de Eritaña, en Sevilla, para colaborar con la identificación.
La Guardia Civil ha abierto puntos de atención en Toledo, Córdoba, Sevilla y Madrid. Están destinados a recibir las denuncias y la información de las familias, además de recoger el ADN necesario para cotejarlo con las muestras de las víctimas del accidente.
El dispositivo solicita que acudan familiares de primer grado. Sus muestras sirven como referencia genética para el trabajo de identificación. Presentarse en estas oficinas permite aportar información aunque los allegados estén lejos del lugar del siniestro.
En la denuncia también se recogen características de la persona buscada: edad, tatuajes, cicatrices o lunares. Esos rasgos se incorporan a las tareas de identificación junto con las muestras biológicas; cada dato puede ayudar a distinguir a una víctima.
Mientras las familias facilitan esa información, los cuerpos empiezan a llegar al Instituto de Medicina Legal de Toledo. El primer furgón fúnebre entró a las 15:15. Los traslados sitúan en la capital toledana otra parte del trabajo abierto tras el choque.
La Unidad Militar de Emergencias prepara una morgue de apoyo junto al Instituto de Medicina Legal. El espacio amplía la capacidad para recibir a los fallecidos y permitir que los equipos forenses desarrollen las autopsias y las labores de identificación.
El protocolo para grandes catástrofes moviliza a 25 médicos forenses de Toledo, Ciudad Real y Cuenca. Su intervención refuerza el trabajo que exige la llegada de los cuerpos, mientras las muestras entregadas por los familiares deben permitir los cotejos de ADN.
Las oficinas de atención cuentan también con apoyo psicológico para los allegados. A ellas llegan personas que buscan información sobre viajeros con los que no han conseguido hablar, como la hermana del pasajero del vagón 8 que acaba de entregar su muestra.
La Guardia Civil pide a las familias que utilicen esos centros y eviten desplazarse al punto del accidente. Allí continúan las tareas de emergencia y búsqueda; recoger denuncias y muestras en las oficinas permite colaborar sin interferir en esos trabajos.
La ausencia de noticias de un pasajero no permite darlo por fallecido. En el caso de esta joven, lo conocido es que no ha podido localizar a su hermano y que ya ha aportado ADN. No se ha comunicado en su testimonio una identificación ni un resultado del cotejo.
La atención a los allegados se extiende también a las líneas telefónicas habilitadas por Emergencias de Castilla-La Mancha y las compañías ferroviarias. Es otra vía de información para quienes intentan averiguar dónde han sido atendidos los pasajeros.
La hermana del viajero del vagón 8 ha pasado de intentar localizarlo a entregar una muestra para ayudar a encontrar respuestas. Al terminar la prueba sigue sin saber dónde está. Su búsqueda queda pendiente de una información que permita confirmar qué ha ocurrido con él.






