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Pedro Sánchez, abucheado a su llegada al desfile del 12 de octubre en Madrid

La mañana del 12 de octubre comenzó con una escena áspera junto a la plaza de Neptuno, en Madrid. Pedro Sánchez llegó en coche oficial para asistir al acto central de la Fiesta Nacional y fue recibido por una parte del público con pitos, abucheos e insultos antes del inicio del desfile militar.

El presidente del Gobierno alcanzó la zona de autoridades a las 10.56 horas, cuando todavía faltaban unos minutos para la llegada de los Reyes. El ruido de la protesta ya se escuchaba desde el exterior del recorrido y acompañó los primeros momentos de su presencia en el lugar.

Sánchez permaneció dentro del vehículo oficial hasta poco después de las once. Al bajar, caminó hacia el grupo que esperaba el comienzo de los actos, mientras varios asistentes repetían gritos contra él y convertían la llegada institucional en uno de los focos de tensión de la jornada.

Junto al presidente se encontraban la ministra de Defensa, Margarita Robles, la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde José Luis Martínez-Almeida. También aguardaba el jefe del Estado Mayor de la Defensa, en un espacio preparado para el protocolo previo al desfile.

Los abucheos no se limitaron a un instante aislado. El tono aumentó mientras Sánchez esperaba a Felipe VI, Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía, que acudían para presidir la parada militar. La escena dejó un contraste visible entre la solemnidad del acto y la hostilidad de una parte de los asistentes.

Entre los gritos se escucharon insultos directos contra el jefe del Ejecutivo. La protesta se produjo en una jornada de especial exposición pública, con miles de personas siguiendo el recorrido y una amplia presencia de autoridades civiles y militares en el entorno del Paseo del Prado.

El desfile del Día de la Fiesta Nacional reúne cada año a las principales instituciones del Estado y se desarrolla bajo la presidencia del Rey. Por eso, la llegada de Sánchez quedó sometida a una atención inmediata: la tensión estaba ya instalada antes de que comenzaran los honores y el paso de las unidades.

Tras incorporarse al dispositivo, el presidente continuó con los saludos previstos junto a la Familia Real y el resto de autoridades. El protocolo siguió su curso pese al ruido de fondo, que volvió a situar la confrontación política en el centro de una ceremonia concebida como acto de Estado.

El recibimiento se produjo en un contexto marcado por el debate sobre la crisis migratoria en Ceuta y la relación con Marruecos. Algunos asistentes lanzaron consignas vinculadas a la ciudad autónoma, trasladando al inicio del desfile una tensión política que venía de las semanas anteriores.

La presencia de la princesa Leonor con uniforme del Ejército de Tierra añadió un elemento destacado a la jornada, mientras Felipe VI acudió con uniforme de gala del Ejército del Aire. La imagen de la Familia Real contrastó con el ambiente que rodeó los minutos previos a la llegada del presidente.

No era la primera vez que Sánchez afrontaba pitos en los actos del 12 de octubre, pero esta vez la reacción se concentró desde su llegada al entorno de Neptuno. El episodio ocurrió antes de la parte principal de la ceremonia y quedó integrado en el arranque de una mañana de fuerte carga simbólica.

La protesta no interrumpió el desarrollo del desfile ni alteró la agenda oficial, pero reforzó la tensión visible entre el público y el Gobierno. En pocos minutos, una llegada prevista dentro de un guion ceremonial pasó a convertirse en el momento político más ruidoso del comienzo de los actos.

La escena dejó una doble lectura: el desfile mantuvo su carácter institucional, con los honores, la presencia militar y la presidencia de los Reyes, pero el recibimiento a Sánchez expuso la fractura que una parte del público quiso hacer audible en plena celebración nacional.

Cuando la ceremonia avanzó, el ruido inicial quedó atrás sin desaparecer del significado de la jornada. La plaza de Neptuno fue el punto donde se cruzaron el protocolo, el malestar político y una protesta que marcó la llegada del presidente al desfile del 12 de octubre de 2026.

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