Urda: los primeros guardias civiles ante el horror del accidente y los rescates

Dos patrullas de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil de Toledo llegaron entre los primeros equipos al accidente ferroviario de Urda. Ante ellas había una catástrofe que desbordaba las dimensiones de una intervención ordinaria.
El choque había ocurrido el miércoles 28 de octubre, en las inmediaciones de Urda y dentro del término de Los Yébenes. Un AVE de Renfe y un Iryo quedaron implicados en el siniestro.
Los primeros agentes describieron un «escenario catastrófico» de enormes dimensiones. En aquellos instantes, personal sanitario que viajaba en uno de los trenes también intervino para salvar vidas entre los pasajeros.
Antonio Gómez viajaba en el vagón 3 del AVE y pudo salir por una puerta. Después caminó hacia el coche 7 para buscar a un amigo: allí encontró una escena mucho más grave.
En su recuerdo, policías municipales de Urda y Los Yébenes, guardias civiles, agentes forestales, un médico y una enfermera fueron llegando. Los pasajeros que podían colaborar empezaron a ayudar junto a ellos.
Gómez relata que repartieron guantes y utilizaron fragmentos de fibra de vidrio esparcidos por el almendral para improvisar camillas. Los restos del tren se convirtieron en un recurso para trasladar a los heridos.
Un médico les indicaba cómo sujetar a las personas lesionadas para no agravar sus fracturas y golpes. Gómez calcula que colaboraron en la evacuación de ocho o nueve supervivientes del vagón 7 del AVE.
El pasajero recuerda a personas tendidas entre los asientos y a otras amontonadas. Las trasladaron hasta una zona tranquila mientras llegaban las ambulancias, en una primera respuesta compartida por profesionales y viajeros.
Manuel Ortiz, vecino de Urda, acudió tras escuchar las sirenas. Se puso a disposición de médicos y guardias civiles, sostuvo bolsas de suero y ayudó a trasladar heridos durante la emergencia.
Ortiz utilizó su coche para llevar supervivientes al pueblo. Recuerda haber trasladado a diez personas en tres viajes y haberse abrazado con los primeros pasajeros antes de regresar para seguir ayudando.
La asistencia continuó lejos de las vías. El pabellón municipal de la piscina recibió a heridos leves como hospital de emergencia; otro recinto acogió a familiares con atención psicológica.
El alcalde, Manuel Galán, recuerda a quienes llegaban sin saber cómo estaba su familiar. La pregunta por los desaparecidos acompañaba a quienes atendían a los viajeros evacuados.
La psicóloga Teresa Marín, que intervino en Angrois, acompaña a guardias civiles, militares y voluntarios agotados. Describe el peso del uniforme: trabajar mientras las emociones propias quedan relegadas.
En el Hospital Universitario de Toledo, el médico Miguel Ángel Rodríguez coordinó la recepción de heridos y reconoció la profunda huella emocional de aquellas horas en quienes acudieron a socorrer.






