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Muere Gonzalo Moratorio a los 44 años: el virólogo uruguayo que afrontó un glioblastoma

Gonzalo Moratorio murió el jueves 5 de noviembre a los 44 años, después de afrontar un tumor cerebral agresivo. El virólogo uruguayo que había ayudado a desarrollar pruebas nacionales contra la covid-19 dejó una hija pequeña y una comunidad científica de luto.

El Institut Pasteur de Montevideo comunicó el fallecimiento de quien dirigía su Laboratorio de Evolución Experimental de Virus. Sus compañeros recordaron la entrega de un investigador convencido de que el conocimiento debía llegar a la sociedad y mejorar la vida de las personas.

En 2025 había recibido el diagnóstico de glioblastoma. Desde entonces, su trabajo quedó atravesado por la enfermedad y por la búsqueda de tratamientos, mientras compartía públicamente la evolución de un proceso que siguieron miles de personas.

Durante aquel año recibió atención oncológica en el hospital Sirio Libanés de Brasil. Allí fue operado en varias ocasiones y comenzó el tratamiento; en marzo de 2026 comunicó que el tumor había regresado.

La búsqueda de alternativas llegó también a los tribunales. En mayo, un recurso de amparo permitió que la Justicia ordenara al Ministerio de Salud Pública suministrarle la inmunoterapia que había indicado su equipo médico.

Su hermano Santiago impulsó una campaña para reunir fondos destinados a una terapia experimental. La movilización familiar y el apoyo recibido acompañaron la búsqueda de una nueva posibilidad frente al avance del cáncer.

En medio del tratamiento también había llegado la paternidad. Su hija Avril nació cuando él ya convivía con la enfermedad, y Moratorio expresó su deseo de que ella supiera que el tiempo que había conseguido vivir estaba dedicado a ella.

Antes de esa carrera personal contra la enfermedad, su nombre había quedado ligado a otra emergencia. En febrero de 2020, junto a Pilar Moreno, comenzó a desarrollar una prueba propia para detectar el coronavirus, antes de que Uruguay confirmara sus primeros casos.

El equipo convirtió aquel trabajo en un kit de tres tubos, económico y escalable. La capacidad de producirlo dentro de Uruguay ofrecía una respuesta cuando conseguir pruebas en el mercado internacional se había vuelto especialmente difícil.

El desarrollo se acompañó de una red nacional de laboratorios de diagnóstico, organizada con el Ministerio de Salud Pública. A finales de mayo de 2020, Uruguay realizaba más de 800 pruebas diarias y cerca de la mitad de los kits eran nacionales.

Aquel aporte le dio reconocimiento internacional en 2020. En 2026, el Parlamento uruguayo volvió a distinguir su trayectoria como Héroe Contemporáneo del Bicentenario, mientras él continuaba atravesando el tratamiento contra el tumor.

Su investigación también había llegado al cáncer a través de Guska, la empresa que fundó para aplicar sus conocimientos en virología. El proyecto formaba parte de una trayectoria que buscaba trasladar el trabajo del laboratorio a problemas concretos de salud.

Cuando se conoció su diagnóstico, Pilar Moreno reorientó hacia el glioblastoma una investigación que trabajaba sobre cáncer de páncreas y de pulmón. La enfermedad de su compañero convirtió ese tumor en una urgencia también dentro del laboratorio.

En la despedida del Institut Pasteur quedaron su entusiasmo, el impulso que daba a nuevas ideas y el apoyo a las futuras generaciones. Junto a ese legado científico permanece Avril, la hija a la que quiso dejar una explicación de cuánto significó seguir viviendo.

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