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Investigan en Burgos una treintena de partos de mujeres brasileñas llegadas desde Bélgica

Algo empezó a chirriar en Burgos cuando varias mujeres brasileñas llegaron al hospital en la recta final del embarazo y, una tras otra, dejaron tras de sí el mismo rastro administrativo, los mismos domicilios y un acompañante que se repetía demasiado.

La Policía Nacional investiga ahora alrededor de una treintena de partos atendidos en la provincia en esas circunstancias, con mujeres procedentes de Bélgica y de otros países del norte de Europa que entraron en el radar sanitario casi con el parto encima.

El patrón fue detectado en el Hospital Universitario de Burgos, donde el personal de Ginecología y Obstetricia empezó a ver coincidencias difíciles de encajar como simples casualidades entre ingresos separados por pocos días.

Según la información confirmada oficialmente, muchas de esas pacientes llegaban en las semanas 38, 39 o 40 de gestación, después de haber llevado el seguimiento del embarazo fuera de España y de presentarse en Burgos para la última revisión o para dar a luz.

Al revisar los historiales, el centro encontró que varias mujeres facilitaban como residencia en España un domicilio de Medina de Pomar o uno de Villarcayo, dos puntos de la comarca de Las Merindades que aparecían una y otra vez.

La repetición no terminaba ahí, porque en distintos casos las mujeres acudían acompañadas por el mismo hombre, una coincidencia que elevó la inquietud interna y terminó activando la comunicación formal a la Policía.

La secuencia comenzó a hacerse visible a principios de mayo, cuando los profesionales del hospital apreciaron que no estaban ante episodios aislados, sino ante una acumulación de casos con rasgos comunes demasiado concretos.

Ante esa reiteración, la dirección del centro trasladó la información a los agentes a finales de mayo, y desde entonces la investigación sigue abierta sin que por ahora se haya aclarado si todos los partos responden a una misma estructura.

La cifra conocida se mueve en torno a treinta mujeres atendidas en circunstancias similares, aunque ese número sigue ligado a una pesquisa en marcha y todavía no existe una conclusión cerrada sobre el alcance real del caso.

El dato más perturbador no es solo la cantidad, sino la combinación del origen repetido, la proximidad temporal de los partos, las direcciones coincidentes y la presencia de un mismo acompañante en varios ingresos.

Por ahora no consta públicamente una acusación concreta ni una calificación penal definitiva, pero sí una sospecha suficientemente seria como para que el patrón haya pasado del ámbito clínico al policial.

El hospital, mientras tanto, siguió prestando asistencia obstétrica como centro público a todas las pacientes atendidas, con independencia de su nacionalidad, procedencia o situación administrativa, porque esa obligación no desaparece aunque el contexto despierte alarmas.

La investigación se mueve sobre un terreno especialmente sensible, porque detrás de cada parto hay un recién nacido, una madre y una cadena de decisiones previas que ahora deben ser examinadas con precisión para saber si hubo algo más que desplazamientos coordinados para dar a luz.

En Burgos queda de momento una imagen inquietante: mujeres que llegaban desde otros países europeos al final del embarazo, dos direcciones que se repetían y un mismo hombre entrando una y otra vez en escena mientras la Policía intenta averiguar qué había realmente detrás.

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