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Luca, el menor que despertó del coma cantando Carnaval y volvió a quedarse sin voz

Luca tiene 15 años y lleva semanas ingresado en el Hospital Provincial de Córdoba por un trastorno neurológico funcional que le ha arrebatado el control de su cuerpo, la estabilidad y la normalidad de una adolescencia que hasta hace poco transcurría entre música, amigos y aficiones.

En mitad de ese encierro clínico llegó una escena que dejó a su familia suspendida entre la esperanza y el miedo: el chico abrió los ojos tras un coma y empezó a cantar una copla del Carnaval de Cádiz desde la cama de la UCI.

La canción era el final del popurrí de una chirigota que conoce bien, “Nos hemos venío arriba”, y ese instante se convirtió en una descarga emocional para quienes llevaban días viendo convulsiones, dolor y silencio alrededor de un menor atrapado en un cuadro devastador.

La sacudida más cruel vino justo después, porque tras aquel despertar cantado Luca no volvió a hablar, y la alegría inicial dejó paso a una alarma todavía más dura al comprobar que la voz había desaparecido otra vez.

El caso ha tomado fuerza fuera del hospital porque varios vídeos difundidos por su entorno muestran al menor en episodios extremos, sin poder articular palabra y con una pérdida de control físico que la familia describe como insoportable también por el nivel de dolor que soporta.

Los detalles conocidos coinciden en que el trastorno neurológico funcional altera el funcionamiento del sistema nervioso sin que las pruebas hayan señalado tumores, derrames cerebrales o coágulos como origen del cuadro que ha tumbado su vida en cuestión de muy poco tiempo.

Su entorno sostiene que Luca ha perdido el control de las piernas y de la vejiga, y que ahora apenas puede mover el brazo derecho y los ojos, una reducción brutal de autonomía en un chico de 15 años que antes llevaba una vida activa.

Días después del episodio en la UCI aparecieron otras imágenes que dieron algo de aire a la familia: Luca consiguió incorporarse, sentarse en un sillón y tocar la guitarra, aferrado a “Entre dos aguas” como si la música siguiera siendo el último puente con el exterior.

Esa leve mejoría no ha calmado el fondo del problema, porque cada avance convive con el temor a otra crisis grave y con la sensación de que el tiempo corre en contra mientras sigue en un centro que la familia considera insuficiente para este tipo de patología.

Por eso sus padres reclaman un traslado urgente al Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, donde creen que existe una unidad con más experiencia para abordar casos complejos de trastorno neurológico funcional y abrir una vía real de tratamiento.

La familia incluso contempla otras comunidades si hiciera falta, porque ya no discute solo un cambio de hospital, sino la posibilidad de que un menor atrapado en episodios de inconsciencia y dolor llegue a tiempo a especialistas capaces de afinar el diagnóstico y la respuesta clínica.

En paralelo, el caso ha prendido en redes sociales y en ambientes vinculados al Carnaval de Cádiz, donde la imagen de Luca cantando al despertar ha corrido como una escena imposible: un hilo de voz en mitad de una enfermedad que parece cerrarle todas las demás puertas.

También se ha sabido que el chico está muy ligado a la música y a la Semana Santa, un perfil que ayuda a entender por qué ese despertar tuvo forma de copla y por qué la guitarra reapareció en cuanto pudo sentarse, aunque fuera durante un instante frágil y vigilado.

Ahora todo queda suspendido en la misma pregunta que atormenta a su entorno: si ese cuerpo que todavía responde a ráfagas podrá encontrar atención especializada antes de que otra crisis borre incluso la pequeña luz que dejó aquella copla cantada desde el borde del abismo.

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