Ayuso intenta dar por muerta la crisis del ático de Chamberí con un «chao pescao» y más preguntas que respuestas

Isabel Díaz Ayuso reapareció este lunes con una consigna seca para cerrar el cerco sobre el ático de Chamberí: sostuvo que su Gobierno ya ha dicho todo lo que tenía que decir y remató la escena con un «chao pescao» que buscó cortar la conversación de raíz.
La presidenta madrileña defendió ante los medios que todo lo que ha explicado sobre la compra del inmueble se puede demostrar y reprochó a la oposición que siga intentando enlazar esa operación con una vivienda de uso personal cuando, según su versión, nunca existió ese destino.
El centro del escándalo sigue siendo el inmueble del paseo del General Martínez Campos, adquirido por la empresa pública Planifica Madrid en medio de la reforma prevista para la Real Casa de Correos y convertido desde julio en una herida política difícil de cerrar.
Ayuso insistió en que se trata de un espacio destinado a oficinas y despachos, aunque ese argumento ha convivido durante semanas con dudas técnicas y políticas sobre la idoneidad real de un ático de lujo para funciones administrativas de un gobierno autonómico.
La presidenta también recordó que el inmueble está ya en venta, una decisión anunciada días después de que se conociera la compra, cuando la Comunidad de Madrid aseguró que el dinero obtenido serviría para ayudar a financiar la reconstrucción de la Sierra Oeste tras el gran incendio.
Esa salida no ha apagado la controversia porque la operación original abrió preguntas sobre quién impulsó la compra, por qué se eligió un ático residencial de alto valor y cómo se justificó internamente una adquisición que terminó convertida en una carga política para el Ejecutivo.
En su intervención, Ayuso cargó contra lo que definió como un nuevo intento de la oposición de azuzar y enredar, y trató de presentar el caso como una polémica artificial que se alimenta una y otra vez con las mismas preguntas pese a que, a su juicio, ya no queda nada por aclarar.
La presión no llega solo desde los adversarios parlamentarios, porque Alberto Núñez Feijóo admitió que conocía desde abril la búsqueda de un espacio temporal para el equipo de Presidencia durante las obras en Sol y señaló que Patrimonio deberá explicar por qué se compró un local no apto para oficina.
Ese matiz resulta clave porque desplaza el foco desde la refriega partidista hacia la trazabilidad administrativa de la operación y deja abierta una grieta interna: si la compra era defendible, el propio líder del PP no habría deslizado la necesidad de aclaraciones adicionales.
La respuesta de Ayuso fue blindarse en la idea de que las explicaciones están dadas y que no se puede estirar más el chicle, una fórmula con la que intentó convertir la insistencia periodística en desgaste ajeno y no en síntoma de que persisten puntos oscuros sobre el caso.
Mientras tanto, el ático sigue cargando con el peso simbólico de una compra de 6,3 millones de euros y una posterior salida al mercado por 6,7 millones, cifras que han amplificado la sensación de improvisación en torno a un inmueble que nunca dejó de oler a privilegio y opacidad.
La defensa de este lunes no aporta un dato nuevo sobre el expediente, pero sí marca un desarrollo político concreto: la presidenta pasa de justificarse a dar por enterrado el asunto, incluso cuando la oposición y parte del debate público siguen usando la operación como prueba de una gestión difícil de explicar.
El problema para el Ejecutivo madrileño es que la frase puede sobrevivir más que la explicación, porque el «chao pescao» no elimina las contradicciones acumuladas entre la compra, la venta acelerada, el uso alegado y las dudas sobre los controles previos que rodearon todo el movimiento.
Así, el ático de Chamberí entra en otra fase de la misma crisis: ya no se discute solo por qué se compró, sino por qué la respuesta oficial necesita clausurar el caso con una coletilla burlona mientras la sombra del expediente sigue proyectándose sobre la propia Presidencia madrileña.






