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Campillos abre otra herida bajo tierra: 22 víctimas afloran en la segunda fosa y seis ya han sido exhumadas

La tierra del cementerio de Campillos ha vuelto a ceder y lo que ha aparecido debajo no es solo un conjunto de huesos, sino la dimensión concreta de una represión que siguió escondida durante décadas. En la segunda fosa común intervenida en el municipio ya se han localizado restos de 22 víctimas, de las que seis han podido ser exhumadas en esta fase de trabajo.

El hallazgo marca el cierre de la segunda campaña desarrollada en las fosas campilleras, una intervención que primero se concentró en rematar la excavación del primer enterramiento y que después permitió abrir camino hacia la fosa paralela. Esa continuidad ha dejado una cifra global de 119 víctimas recuperadas desde que arrancó el proyecto memorialista en la localidad.

De ese total, 73 cuerpos fueron exhumados durante 2025, otros 40 aparecieron en la fase reciente dentro de la primera fosa y los seis últimos han salido ahora del segundo enterramiento. La secuencia no solo agranda la magnitud del horror documentado, sino que muestra que el subsuelo todavía conserva una parte decisiva de la violencia sufrida por el municipio.

Los otros 16 restos localizados en la segunda fosa no serán extraídos todavía. Quedarán protegidos bajo tierra hasta que pueda retomarse la intervención en una nueva etapa, una decisión que responde tanto a la necesidad de preservar el espacio como a la continuidad del uso ordinario del cementerio mientras se tramita la renovación del proyecto.

La evolución de la excavación alteró pronto las primeras previsiones. Lo que comenzó con seis cuerpos identificados sobre el terreno fue creciendo a medida que avanzaban los trabajos arqueológicos, hasta revelar que la fosa guardaba un número mucho mayor de víctimas del que se había podido confirmar al inicio de la campaña.

Entre las diferencias detectadas respecto al primer enterramiento destaca la presencia de cal en esta segunda fosa, un elemento que no había aparecido en la anterior y que apunta a prácticas de cobertura vinculadas a razones higiénicas y al intento de contener el olor de los cadáveres. Ese detalle material añade información sobre la forma en que fueron ocultados los cuerpos.

Los investigadores también han encontrado indicios de presencia femenina entre los restos localizados. Han aparecido elementos de ajuar asociados a mujeres, una pista que todavía deberá contrastarse en el estudio antropológico, pero que encaja con un rasgo ya advertido en la primera fosa, donde la proporción de mujeres recuperadas llamó la atención del equipo.

En el balance provisional de esta segunda fase, los especialistas han determinado que 40 de los 46 cuerpos exhumados corresponden a hombres y cuatro a mujeres, mientras que en otros dos casos todavía no ha sido posible fijar el sexo con certeza. El dato revela que la investigación sigue abierta incluso cuando los restos ya han sido recuperados.

La expectativa de cierre también ha empezado a tomar forma. Con la información reunida en las últimas semanas y con la extensión ya conocida del segundo enterramiento, el equipo considera que hay muchas probabilidades de dar por finalizados los trabajos en Campillos durante 2027, siempre que se mantenga la cobertura institucional que sostiene la intervención.

El proyecto está coordinado por especialistas de la Universidad de Málaga y se desarrolla con respaldo de la Junta de Andalucía, una combinación que ha permitido encadenar campañas sucesivas y ampliar la documentación histórica del caso. En esta fase también han participado estudiantes y voluntarios procedentes de distintas universidades, reforzando el trabajo de campo con apoyo académico.

La base pública de fosas de la Guerra Civil y el franquismo sitúa a Campillos dentro del mapa estatal de enterramientos vinculados a la represión, con víctimas identificadas y registros históricos que permiten contextualizar la intervención actual. Ese marco confirma que la excavación local no es un hecho aislado, sino una pieza dentro de una memoria todavía fragmentada en miles de puntos del país.

El Ayuntamiento de Campillos ha acompañado los trabajos junto al equipo técnico, en un contexto donde la exhumación no se limita a una tarea arqueológica. Cada resto recuperado altera el relato heredado del silencio y devuelve al presente una violencia que durante generaciones permaneció enterrada sin nombre, sin ceremonia y sin justicia material.

Lo que emerge ahora en esta segunda fosa no es solo una cifra mayor de víctimas, sino una prueba de que el proyecto todavía no ha agotado lo que puede revelar. La aparición de nuevos cuerpos, la presencia de cal y los indicios femeninos amplían el conocimiento sobre cómo se ejecutó y ocultó la represión en Campillos tras la Guerra Civil.

Por eso esta excavación no se cierra con seis exhumaciones, sino con una promesa pendiente bajo el suelo. Dieciséis cuerpos seguirán esperando hasta la próxima fase, cubiertos y protegidos, mientras el calendario apunta a 2027 como posible final del trabajo y el cementerio conserva, a pocos metros de la superficie, una parte del pasado que aún no ha terminado de salir a la luz.

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