Ceuta encuentra otro cadáver y la tragedia de la entrada masiva ya deja 83 muertos

Ceuta volvió a despertar con el mar convertido en escena de muerte. La recuperación del cadáver de un hombre en aguas próximas a la ciudad elevó a 83 la cifra de fallecidos vinculados a la entrada masiva de migrantes registrada el pasado 30 de julio, una secuencia que sigue creciendo días después del colapso inicial.
El cuerpo apareció en avanzado estado de descomposición y fue localizado aproximadamente a media milla de la zona de Juan XXIII durante un operativo en el que participaron el Servicio Marítimo y los Grupos Especiales de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, desplegados en la vigilancia y rastreo del litoral ceutí.
Tras la recuperación, el cadáver fue trasladado al puerto pesquero de Ceuta y se activó la intervención de la Unidad Orgánica de Policía Judicial para intentar fijar la identidad del fallecido y reconstruir las circunstancias exactas de una muerte que se suma a una cadena todavía incompleta.
El hallazgo llegó apenas dos días después de que fueran recuperados otros dos cuerpos en aguas del litoral de la ciudad. Uno correspondía a un joven subsahariano que murió tras caer al mar cuando intentaba alcanzar la costa en parapente desde Marruecos, y el otro a un varón magrebí localizado en la zona de la Almadraba.
La dimensión de la tragedia no se mide solo por el número final, sino por la persistencia del goteo. Cada nuevo cuerpo hallado confirma que la entrada masiva del 30 de julio no terminó aquella noche, sino que dejó una estela mortal que sigue aflorando con el paso de los días y con el empuje de las corrientes.
De los 83 fallecidos contabilizados hasta ahora, todos son hombres salvo una mujer, de acuerdo con los datos reunidos durante las tareas de levantamiento, autopsia e identificación. La composición de la lista mortuoria refuerza el retrato de un episodio extremo en el que decenas de personas quedaron atrapadas en una ruta letal.
El Instituto de Medicina Legal ha informado de que seis víctimas ya han podido ser identificadas formalmente. Tres de ellas fueron reconocidas por huellas dactilares y otras tres mediante estudios biológicos, y en todos los casos se trata de hombres mayores de edad y de nacionalidad marroquí, un dato clave en la reconstrucción del suceso.
A esa labor se añade la verificación de otros tres cuerpos cuya identidad sigue pendiente de confirmación mediante análisis biológicos. Los equipos están realizando cotejos directos de ADN con muestras aportadas por familiares, un proceso lento que obliga a cruzar datos forenses y testimonios en medio de una emergencia todavía abierta.
Los especialistas han recogido muestras biológicas y huellas dactilares de todos los cuerpos recuperados del mar. Después de las autopsias, esas huellas son digitalizadas y remitidas al Servicio de Criminalística de la Guardia Civil para intentar identificar a cada víctima, y cuando esa vía falla se abre paso el cotejo genético con familiares.
La presión sobre el dispositivo forense ha obligado a reforzar medios humanos desde distintos puntos de España. En una primera fase trabajaron tres médicos forenses de Ceuta junto a profesionales desplazados desde Cáceres, Salamanca y Valladolid, además de técnicos de autopsias movilizados para sostener la acumulación de intervenciones.
El 5 de agosto se produjo un relevo parcial del equipo y se incorporaron dos forenses del Instituto de Medicina Legal de Albacete, así como técnicos de autopsias de Albacete y Toledo. Ese refuerzo evidencia que la crisis superó hace tiempo la capacidad ordinaria de respuesta y exige un engranaje continuo para procesar cada hallazgo.
Paralelamente, la Guardia Civil habilitó una oficina ante mortem para que los familiares de los desaparecidos pudieran presentar denuncias y aportar muestras biológicas. Hasta ahora se han registrado 19 denuncias, una cifra que dibuja otra dimensión del drama: la de quienes buscan un nombre para los cuerpos que el mar sigue devolviendo.
Toda la información se centraliza en el Centro Integrado de Datos, un mecanismo activado para coordinar la respuesta médico-forense y de Policía Científica en un escenario con múltiples víctimas. La concentración de datos, muestras y comparativas pretende evitar errores y acelerar una identificación que sigue siendo angustiosamente lenta.
Mientras continúan los rastreos y la identificación de los fallecidos, Ceuta permanece atrapada en la resaca de aquella entrada masiva. La cifra de 83 muertos convierte el episodio en una catástrofe humana de enorme magnitud y deja una pregunta suspendida sobre el agua: cuántos cuerpos más quedan todavía por aparecer.






