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Curro Romero, ingresado de nuevo por una neumonía: la salud del Faraón de Camas vuelve a encender la alarma en Sevilla

La figura de Curro Romero ha vuelto a quedar rodeada por una inquietud espesa después de que el torero, de 92 años, tuviera que ser ingresado en Sevilla por un nuevo cuadro de neumonía. La noticia ha reactivado de inmediato la preocupación en torno a un nombre que durante décadas simbolizó temple, carisma y una forma irrepetible de estar en el ruedo, pero que ahora libra otra batalla marcada por la fragilidad de la edad y el peso de sus antecedentes médicos.

El ingreso se produjo en el Hospital Universitario Virgen Macarena, centro que se ha convertido en referencia habitual en los episodios de salud más delicados del diestro. En esta ocasión, el motivo fue una nueva complicación respiratoria que obligó a actuar con rapidez para controlar su estado y vigilar una evolución que, pese al sobresalto inicial, ha sido descrita en términos favorables por las personas que siguen de cerca su situación.

Dentro de ese clima de incertidumbre, el dato que más alivio ha dejado en su entorno es que Curro Romero se encuentra animado, tranquilo y con buen humor. También ha trascendido que llegó a almorzar sin contratiempos, un detalle aparentemente pequeño pero significativo cuando se habla de un paciente de edad muy avanzada sometido a vigilancia hospitalaria por una afección pulmonar que ya ha dejado varios sustos en los últimos meses.

La posibilidad de que reciba el alta en los próximos días o sea trasladado de nuevo a su domicilio aparece ya sobre la mesa si la mejoría se mantiene. Ese horizonte, sin embargo, no borra el tono sombrío de una recaída que confirma hasta qué punto la estabilidad del torero puede quebrarse de forma repentina, obligando a convertir cualquier señal respiratoria en un motivo de atención médica inmediata y de seguimiento constante.

No se trata de un episodio aislado ni inesperado, sino de un nuevo golpe dentro de una secuencia clínica cada vez más pesada. El pasado abril ya tuvo que ser ingresado por una neumonía por aspiración vinculada a sus dificultades para tragar, un problema especialmente delicado en personas mayores porque combina riesgo respiratorio, desgaste físico y una recuperación que rara vez se resuelve sin vigilancia estrecha y paciencia prolongada.

Antes de ese ingreso reciente, septiembre de 2025 dejó otro de los momentos más comprometidos para su salud cuando una neumonía coincidió con la enfermedad del covid y forzó su atención en el mismo hospital sevillano. Aquella crisis no solo encendió la alarma en su círculo más próximo, sino que confirmó que cada recaída respiratoria podía convertirse en un escenario serio por la acumulación de factores que pesan sobre su organismo.

A esa cadena de complicaciones se sumaron en mayo de 2025 una infección de orina y otra crisis respiratoria que también desembocaron en hospitalización. La repetición de ingresos en un periodo relativamente corto dibuja una realidad difícil de ignorar: el cuerpo del torero resiste, pero lo hace en medio de un desgaste persistente en el que cada avance convive con el riesgo de un retroceso repentino y cada aparente alivio sigue teniendo fecha incierta.

Un año antes, otra caída alteró su vida de manera drástica al sufrir la fractura de la cabeza del fémur, una lesión especialmente dura a esas edades por todo lo que implica en movilidad, dolor y rehabilitación. A ello se añade que arrastra la enfermedad de Parkinson y que en 2020 logró superar un cáncer de laringe, dos antecedentes de enorme peso que vuelven cualquier recaída respiratoria más inquietante y mucho más observada.

La suma de esos episodios explica por qué el nuevo ingreso ha sido recibido con una mezcla de miedo contenido y resignación. No se habla solo de un nombre célebre que envejece, sino de un hombre cuya salud lleva años avanzando por una cuerda cada vez más tensa, donde los pequeños gestos de normalidad conviven con la certeza de que cada complicación médica deja una huella más profunda y estrecha un poco más su margen de recuperación.

Curro Romero ocupa además un lugar singular en la memoria pública andaluza y española. El llamado Faraón de Camas no representa únicamente una carrera taurina legendaria, sino una estampa cultural que marcó generaciones y convirtió cualquier noticia sobre su estado en un asunto que desborda lo privado. Por eso, cada parte favorable trae alivio, pero cada ingreso reactiva también una sensación colectiva de despedida aplazada que nadie se atreve a pronunciar del todo.

En este desarrollo concreto, el foco informativo no está en una intervención espectacular ni en un empeoramiento extremo, sino en la confirmación de una nueva neumonía y en el delicado equilibrio entre recaída y estabilidad. Ese matiz es importante porque la noticia no retrata un final cerrado, sino un momento de alarma controlada en el que la evolución parece positiva, aunque su historial obliga a leer cualquier mejoría con prudencia y sin triunfalismos.

La neumonía por aspiración que ya padeció meses atrás ayuda a entender la sensibilidad del cuadro actual, sobre todo cuando existen dificultades para tragar y una capacidad pulmonar castigada por sucesivos ingresos. En pacientes nonagenarios, ese tipo de procesos puede pasar de la vigilancia al peligro con rapidez, de modo que la hospitalización no responde solo a la gravedad del instante, sino también a la necesidad de anticiparse a posibles complicaciones silenciosas.

Sevilla sigue así pendiente de la habitación en la que uno de sus iconos más reconocibles intenta superar otra vez una embestida del cuerpo. La escena ya no tiene plaza, música ni liturgia de tarde grande, pero conserva una tensión muy parecida: la de saber que hay nombres que forman parte del paisaje emocional de una ciudad y cuya vulnerabilidad convierte cada boletín médico en una espera áspera, lenta y cargada de recuerdos.

Mientras se aguarda a que los próximos días confirmen si puede volver a casa, la noticia deja una imagen tan sobria como inquietante: Curro Romero ha tenido que detener de nuevo su rutina para enfrentarse a otra neumonía con 92 años y un historial clínico muy pesado a la espalda. Por ahora, la evolución invita al alivio contenido, pero el episodio vuelve a recordar que la salud del torero permanece instalada en una zona de equilibrio frágil y permanentemente amenazada.

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