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18 años de la tragedia de Spanair: Canarias revive el duelo por las 154 víctimas del vuelo JK5022

Canarias amaneció este jueves con una fecha clavada en la memoria. Se cumplen 18 años del accidente del vuelo JK5022 de Spanair, la catástrofe aérea que destrozó 154 vidas en Barajas y dejó a otras 18 personas heridas con secuelas que todavía atraviesan familias enteras.

La asociación de afectados ha convocado una jornada de homenajes en Gran Canaria para volver a pronunciar unos nombres que el tiempo no ha conseguido borrar. El recuerdo no se limita a un aniversario redondo: es la confirmación de que aquella caída sigue teniendo peso físico, político y humano.

El primer acto está previsto a las 10.00 horas junto al monumento Luces en el vacío, en la playa de Las Canteras. La escena tiene algo cruel y exacto: flores frente al océano para recordar a quienes despegaron hacia la isla y nunca llegaron a tocarla de nuevo con vida.

Una hora después, el duelo se traslada a la Plaza de la Memoria 20.08.2008, en Las Palmas de Gran Canaria. No es solo un calendario que se repite, sino una liturgia de resistencia contra el desgaste, contra la tentación pública de dejar que una tragedia nacional se reduzca a una cifra archivada.

La agenda de recuerdo también se extiende a Telde y a Ingenio, donde habrá nuevas ofrendas florales en espacios levantados para que el accidente no se disuelva en el ruido de los años. Cada parada dibuja el mapa de una pérdida especialmente profunda en una comunidad golpeada de forma directa por aquel vuelo.

El siniestro ocurrió el 20 de agosto de 2008, cuando el avión que cubría la ruta entre Madrid y Gran Canaria se estrelló poco después del despegue en el aeropuerto de Barajas. A bordo viajaban 172 personas. Murieron 154 y sobrevivieron 18, una fractura histórica que convirtió aquel día en una herida permanente.

Buena parte de las víctimas tenía vínculos estrechos con Canarias, y por eso el archipiélago hizo suyo el duelo desde el primer minuto. Dieciocho años después, ese vínculo sigue marcando la forma en que se recuerda la tragedia: no como un episodio remoto de aviación, sino como una ausencia que sigue sentándose a la mesa.

La Asociación de Afectados del Vuelo JK5022 ha sostenido durante años esa memoria pública, empujando homenajes, exigencias de verdad y medidas de protección para las víctimas de accidentes aéreos. Su trabajo ha impedido que el desastre quede reducido a una efeméride sin consecuencias ni rostro.

El aniversario de este 20 de agosto no introduce un giro judicial ni un hallazgo técnico nuevo, pero sí ofrece un desarrollo informativo claro: la actualización del duelo, la convocatoria concreta de actos y la persistencia de una memoria organizada que se niega a ser tratada como un asunto cerrado.

Ahí está el núcleo de esta cobertura. No se informa otra vez del accidente como si acabara de ocurrir, sino del modo en que sus consecuencias siguen ocupando el espacio público. El hecho noticioso ahora es el homenaje, la movilización del recuerdo y la vigencia de una tragedia que no se ha apagado.

Los actos programados en Gran Canaria exponen además una verdad incómoda: el tiempo no siempre cura, a veces solo ordena el dolor para que pueda convivir con la rutina. Bajo esa apariencia de normalidad, siguen latiendo preguntas, nombres y biografías rotas por un despegue que terminó en horror.

Cada ofrenda floral funciona como un gesto mínimo frente a una dimensión imposible de reparar. No devuelve a nadie, no corrige la devastación ni clausura el vacío, pero sí fija una frontera moral: impedir que la tragedia del JK5022 se convierta en una sombra abstracta, cómoda y desactivada para el resto del país.

Por eso el 18 aniversario no suena a simple conmemoración institucional. Suena a insistencia. A una comunidad que vuelve a mirar de frente el desastre y se obliga a recordarlo en voz alta, con horarios, lugares y nombres propios, para que la costumbre no le gane terreno a la memoria.

Este jueves 20 de agosto de 2026, Canarias no recuerda solo un accidente del pasado. Recuerda que detrás de aquel vuelo truncado sigue habiendo familias, supervivientes y una asociación que mantiene abierto el relato de lo ocurrido, como si el silencio fuera otra forma de abandono.

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