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El calor mató a 2.026 personas en España en julio y dejó a Canarias frente a otro verano letal

Julio terminó en España con un balance que hiela más de lo que quema: 2.026 personas murieron por causas asociadas a las altas temperaturas. No es una metáfora ni una alarma abstracta. Es una cifra oficial estimada por el sistema de monitorización de la mortalidad diaria, y detrás de ella hay hogares donde alguien no volvió a levantarse.

El salto respecto al mismo mes de 2025 es brutal. Entonces se estimaron 1.060 fallecimientos; ahora el incremento alcanza el 91%. En solo un año, el calor pasó de ser una amenaza severa a convertirse en una presencia todavía más devastadora, con una velocidad que deja poco margen para fingir sorpresa.

El dato de julio de 2026 se convierte además en el segundo peor registro para ese mes desde que funciona el sistema MoMo, en 2015. Solo lo supera julio de 2022, cuando se atribuyeron 2.217 muertes al calor. Eso coloca este verano en una zona histórica que ya no admite el consuelo de lo excepcional.

La radiografía de las víctimas muestra a quién castiga primero esta violencia invisible. De los fallecidos de julio, 1.208 eran mujeres y 817 hombres. La inmensa mayoría, 1.944 personas, tenía más de 65 años, y dentro de ese grupo 1.249 superaban los 85. El calor no cae sobre todos igual: busca primero a los cuerpos más frágiles.

Por territorios, Cataluña encabezó el recuento con 544 muertes asociadas a las altas temperaturas. Detrás quedaron Andalucía con 262, la Comunitat Valenciana con 235, el País Vasco con 140, Castilla y León con 130 y Galicia con 129. Madrid registró 121 y Aragón 109, en un mapa que dibuja un país entero sometido al mismo castigo.

Canarias apareció en esa relación con nueve muertes durante julio. La cifra es menor que la de otros territorios y también más baja que la del mismo mes de 2025, cuando se notificaron 36. Pero incluso en esa aparente contención permanece la herida: nueve vidas perdidas en un archipiélago que tampoco logró escapar del golpe térmico.

Desde la activación del Plan Calor 2026, el acumulado nacional asciende ya a 3.158 fallecimientos. A las 2.026 muertes de julio se suman 1.031 en junio y 101 desde el arranque tardío de mayo. La secuencia no describe un episodio aislado, sino una temporada entera convertida en una maquinaria de desgaste y muerte.

Lo ocurrido en julio encaja con otro dato extremo: el mes fue oficialmente el más cálido jamás registrado en España, empatado en temperatura media con 2022, aunque con máximas aún más feroces. Se encadenaron episodios de calor diurno y nocturno que rompieron umbrales históricos y dejaron a muchas personas sin tregua ni siquiera al caer la noche.

Entre el 6 de junio y el 24 de julio se registraron 49 jornadas consecutivas con temperaturas muy por encima de lo habitual. Esa persistencia cambia la naturaleza del peligro. El cuerpo ya no se enfrenta a un pico breve, sino a una agresión sostenida, un asedio térmico que vacía reservas, empeora patologías previas y convierte cualquier descuido en una frontera mortal.

En Canarias, las estimaciones acumuladas del año elevan a 47 las muertes ligadas al calor hasta comienzos de agosto. Enero dejó 11, febrero 13, marzo sumó ocho y julio añadió nueve más. El dato rompe la idea de que solo el verano mata: cuando el termómetro se sale de su cauce durante meses, el riesgo se instala y deja de pedir permiso.

El archipiélago ya conocía esa amenaza. En 2025 se contabilizaron allí 139 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas, con especial peso en julio, agosto y septiembre. También hubo 246 asistencias en urgencias y 57 hospitalizaciones. Los números no solo cuentan muertos: exponen cuántos cuerpos estuvieron al borde antes de no poder resistir.

Las cifras publicadas esta semana coinciden en una advertencia incómoda. No se trata solo de calor, sino de mortalidad asociada a un contexto extremo que golpea con más fuerza a mayores, enfermos crónicos y personas con menor capacidad para protegerse. El verano, cuando se desborda, deja de ser estación y se convierte en escenario de selección brutal.

La dureza de este recuento también está en su carácter silencioso. No hay una única imagen de desastre, ni un edificio derrumbado, ni una carretera partida. Hay habitaciones cerradas, respiraciones que se apagan, ancianos que no superan la noche, cuerpos debilitados en pisos sin alivio. El calor mata sin ruido, pero su rastro es masivo.

Ahora el dato ya está sobre la mesa: 2.026 muertos en un solo julio, nueve de ellos en Canarias, y más de 3.000 en España desde que arrancó la temporada. La cifra queda escrita como un parte forense de país abrasado. Lo que venga después serán avisos, protocolos y debates, pero el verano de 2026 ya dejó una marca que no se puede maquillar.

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