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Feijóo niega la normalidad en Ceuta y aviva la presión por la crisis migratoria

Alberto Núñez Feijóo aterrizó en Ceuta en pleno temblor político y dejó una frase que convirtió la visita en un choque frontal con el relato oficial: la normalidad de la que habla el Gobierno, dijo, no existe.

El líder del PP difundió su mensaje el 2 de agosto en X junto a un vídeo grabado en las calles de la ciudad autónoma, donde aseguró que basta con caminar unos metros para comprobar que la crisis sigue respirando en cada esquina.

Su viaje se produjo después de la entrada masiva de migrantes registrada el jueves anterior, un episodio que volvió a colocar a Ceuta en el centro de la tensión fronteriza y del enfrentamiento político nacional.

Feijóo sostuvo que el problema no puede darse por cerrado y reclamó seguir trabajando, según sus palabras, por humanidad, convivencia y seguridad, con el objetivo de cerrar la crisis y evitar que vuelva a repetirse.

La escena no quedó limitada a una declaración aislada, porque su visita se desarrolló mientras seguían circulando imágenes de personas migrantes dispersas por distintos puntos de la ciudad, uno de los elementos que el PP usó para negar cualquier retorno a la calma.

Horas antes, Miguel Tellado ya había endurecido el tono y rechazado también la idea de una situación normalizada, asegurando que aún quedaban miles de inmigrantes en Ceuta y que muchos de ellos continuaban ocultos en las calles.

Ese discurso elevó la presión sobre el Ejecutivo, al que la dirección nacional del PP acusa de haber conocido con antelación el riesgo de una entrada masiva y no haber actuado con la contundencia necesaria para impedirla.

La ciudad autónoma quedó así convertida en un escenario doble: por un lado, la gestión material de una crisis migratoria todavía visible; por otro, una batalla política en la que cada imagen y cada cifra pesan como una prueba.

El mensaje de Feijóo apuntó directamente al corazón de esa disputa, porque no se limitó a criticar la respuesta del Gobierno, sino que cuestionó de raíz la versión de que Ceuta hubiera recuperado una vida ordinaria.

La polémica se agrandó además por el contraste que el PP intentó dibujar entre la presencia de su líder sobre el terreno y la ausencia de Pedro Sánchez, una comparación con la que los populares buscaron reforzar la idea de abandono institucional.

Mientras tanto, el debate público siguió girando en torno a cuántas personas permanecían todavía en la ciudad y en qué condiciones, una cuestión sensible porque de ella depende tanto la evaluación de la emergencia como la credibilidad de los mensajes oficiales.

El episodio volvió a mostrar que en Ceuta la frontera nunca es solo una línea geográfica, sino también una fractura política que se abre cada vez que la presión migratoria supera la capacidad de respuesta inmediata del Estado.

Con su visita, Feijóo no presentó una solución nueva ni un plan detallado, pero sí dejó claro que el PP quiere convertir lo ocurrido en una prueba de desgaste para el Gobierno en materia de seguridad, control fronterizo y gestión de crisis.

En ese clima enrarecido, Ceuta quedó retratada como una ciudad donde la discusión sobre la normalidad ya no se libra en despachos ni ruedas de prensa, sino en la calle, entre vídeos, acusaciones cruzadas y una sensación de crisis que todavía no se apaga.

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