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Marsella investiga la muerte de un niño de dos años hallado con el cordón de una cortina al cuello

Un niño de dos años apareció muerto en una vivienda del barrio de Marronniers, en Marsella, en un caso que pasó en pocas horas de una posible desgracia doméstica a una investigación por una muerte bajo sospecha.

Según la reconstrucción difundida por las autoridades y varios medios franceses, el menor fue encontrado en su habitación después de la siesta, muy cerca de una ventana y con el cordón de una cortina enredado en el cuello.

Los bomberos acudieron al domicilio tras recibir el aviso de la familia, pero el pequeño ya no pudo ser reanimado y fue declarado muerto en el lugar por el médico que intervino en la emergencia.

La primera impresión de los equipos desplazados apuntó a la posibilidad de un accidente, una hipótesis que parecía encajar con una escena doméstica y con la edad extremadamente vulnerable de la víctima.

Esa lectura empezó a resquebrajarse cuando el examen del cuerpo reveló otras señales de violencia que no encajaban de forma limpia con un simple episodio accidental ocurrido durante el descanso del menor.

La autopsia concluyó que la muerte era compatible con una asfixia mecánica por ahorcamiento cervical incompleto, un término forense que describe que el niño no estaba suspendido por completo y seguía apoyado sobre la cama.

Los investigadores también detectaron lesiones menores adicionales en el cuerpo, indicios que no se señalaron como causa directa de la muerte, pero que reforzaron la necesidad de tratar el caso con una cautela mucho más severa.

La alerta, de acuerdo con la información policial difundida en Francia, fue dada por un familiar de 13 años, un detalle que añade otra capa de oscuridad a una escena ya marcada por la fragilidad extrema de la víctima.

Horas después fueron detenidos la madre del menor, la pareja de esta y una adolescente de 15 años vinculada a la familia, todos ellos puestos bajo custodia para aclarar qué ocurrió dentro de la vivienda.

Uno de los elementos que precipitó esa decisión fueron las discrepancias detectadas en sus declaraciones, versiones que no coincidían entre sí y que además chocaban con los primeros cálculos sobre el momento real de la muerte.

Esa diferencia temporal, unida a la temperatura corporal del niño cuando fue examinado, alimentó la sospecha de que el relato ofrecido por los adultos no reflejaba con precisión la secuencia de los hechos.

La investigación sigue abierta en Francia bajo una presión enorme, porque el caso obliga a discernir si el pequeño murió en una maniobra accidental con el cordón de la cortina o si alguien intervino de forma directa o indirecta en su final.

Más allá de la frialdad del lenguaje forense, el caso deja una imagen insoportable: la de un niño de dos años hallado sin vida en el espacio que debía ser el más seguro de toda su rutina, su propia habitación.

Mientras avanzan las diligencias y continúan los interrogatorios, Marsella queda pendiente de una respuesta decisiva sobre una muerte que empezó envuelta en apariencia doméstica y terminó convertida en una de las escenas más sombrías del verano.

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