Vitoria investiga la denuncia de una menor tutelada contra un joven de 26 años y la aparición de otras dos víctimas
La investigación arrancó en Vitoria después de que una adolescente de 16 años tutelada por la Diputación Foral de Álava relatara una agresión sexual que habría sufrido a manos de un joven de 26 años, un caso que después abrió la puerta a otras dos denuncias dentro del mismo entorno.
El Juzgado de Instrucción número 3 de Vitoria mantiene al joven como investigado y ya ha acordado una orden de alejamiento que le prohíbe acercarse o comunicarse con las tres chicas señaladas en la causa mientras continúan las diligencias.
Las adolescentes tienen entre 14 y 16 años y residían en un centro tutelado cuando salieron a la luz los hechos, un detalle que vuelve a colocar el foco en la vulnerabilidad extrema de chicas que dependen del sistema de protección.
Según la línea principal de la investigación, la menor que presentó el primer relato habría conocido al sospechoso a través de una red social y, tras varios contactos previos, ambos llegaron a mantener encuentros en el domicilio del investigado.
En ese escenario, los indicios recogidos apuntan a que el hombre habría presionado para mantener relaciones sexuales y que, cuando la menor se negó a llegar más lejos, la situación derivó en una agresión sexual que ahora está bajo examen judicial.
La causa también incorpora la sospecha de que el investigado ofreció dinero a la adolescente para que regresara a su vivienda, un elemento que agrava la gravedad del relato porque sugiere una captación insistente sobre una víctima menor de edad.
Con el avance de las pesquisas aparecieron otros episodios en los que, presuntamente, el mismo joven habría intentado repetir ese patrón con otras dos residentes del mismo centro, también menores, sin que llegaran a consumarse relaciones sexuales completas.
Las tres chicas habrían coincidido en que recibieron propuestas de carácter sexual y ofertas económicas antes de abandonar la vivienda, una secuencia que ha permitido a los investigadores encajar los hechos dentro de un mismo marco temporal y personal.
Todo se conoció cuando una educadora del centro escuchó el relato de una de las adolescentes y trasladó la información a los responsables del recurso, que a su vez activaron el aviso a la Ertzaintza para que se iniciaran las comprobaciones.
A partir de esa comunicación, la Policía autonómica abrió diligencias, identificó al sospechoso y lo puso a disposición judicial, dando un primer paso formal en una investigación que todavía se encuentra en fase de instrucción.
La medida cautelar acordada por la magistrada no cierra el caso, pero sí busca blindar a las tres adolescentes frente a cualquier nuevo contacto mientras se revisan testimonios, comunicaciones previas y el encaje penal exacto de lo ocurrido.
El caso golpea por la forma en que se habría construido el acceso a la víctima principal: una relación iniciada en internet, encuentros privados y una supuesta presión sexual desplegada sobre una menor tutelada que estaba fuera de un entorno familiar estable.
También deja una imagen inquietante del riesgo compartido dentro de ciertos circuitos de captación, porque la investigación sostiene que el contacto inicial con una chica acabó extendiéndose a otras dos adolescentes del mismo centro de acogida.
La causa sigue abierta y el investigado mantiene la presunción de inocencia hasta que exista una resolución firme, pero en Vitoria ya pesa una pregunta difícil de apartar: cómo pudo acercarse tanto a tres chicas bajo tutela sin que el peligro aflorara antes.






