Muere Antonio Landeta, expresidente de la Junta General de Asturias, a los 89 años

Antonio Landeta ha muerto este sábado 29 de agosto de 2026 a los 89 años, cerrando de golpe una vida ligada durante décadas a la política asturiana y al parlamentarismo autonómico en uno de sus momentos más delicados.
Su nombre quedó unido a la presidencia de la Junta General del Principado de Asturias entre el 8 de julio de 1987 y el 21 de junio de 1991, una etapa en la que el parlamento regional aún buscaba asentarse con voz propia dentro del mapa autonómico español.
Landeta y Álvarez-Valdés había nacido en A Coruña el 30 de noviembre de 1936, pero desarrolló en Asturias buena parte de su trayectoria pública, hasta convertirse en una referencia reconocible de la derecha democrática de la comunidad.
Antes de consolidar su carrera institucional, se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo y ejerció como abogado, una formación que marcó su perfil político con un estilo de intervención sobrio, técnico y muy atento a las formas parlamentarias.
Su recorrido partidista comenzó en Alianza Popular en 1977 y continuó después en el Partido Popular, siglas bajo las que ocupó responsabilidades como diputado regional y también como diputado nacional en una etapa decisiva para su espacio político.
La noticia de su fallecimiento fue confirmada por el entorno del PP asturiano durante una reunión de la Junta Directiva y del Comité Ejecutivo, donde el arranque del nuevo curso político quedó atravesado por un minuto de silencio cargado de peso simbólico.
Ese gesto no solo sirvió para comunicar una muerte, sino también para medir la huella de un dirigente que llevaba muchos años retirado de la primera línea, pero que seguía despertando respeto interno entre varias generaciones del partido.
Incluso después de un largo alejamiento institucional, Landeta no había perdido el interés por la vida pública ni por la evolución del parlamento asturiano, una inquietud persistente que quienes le trataron siguieron destacando hasta sus últimos años.
Entre las ideas que más repitió en esa etapa final figuraba la creación de una asociación de exparlamentarios, un proyecto al que concedía valor de memoria y continuidad, como si temiera que una parte de aquella historia política pudiera desvanecerse sin dejar rastro.
Quienes compartieron con él los años de construcción autonómica han recordado ahora su papel como hombre de la Transición, vinculado a una derecha que buscaba legitimarse en las instituciones democráticas con moderación, disciplina orgánica y presencia constante.
Su presidencia de la Junta General coincidió con un tiempo de reajustes, equilibrios y consolidación normativa, cuando cada cargo institucional tenía un peso mayor porque aún se estaba definiendo la arquitectura política que hoy se considera asumida.
Por eso su muerte no se percibe solo como la desaparición de un exdirigente veterano, sino como la pérdida de una pieza humana de aquel engranaje fundacional que sostuvo el desarrollo político de Asturias durante los primeros años de autonomía real.
El fallecimiento de Landeta ha llegado, además, en una jornada en la que el PP asturiano abría curso político, lo que ha intensificado el contraste entre la agenda del presente y la irrupción brusca de una figura que pertenece al armazón del pasado reciente.
Con Antonio Landeta desaparece una voz de otra época, una de esas presencias que sobreviven en la memoria institucional aunque ya no ocupen cargos, y cuya muerte deja tras de sí una sensación fría de relevo definitivo dentro de la historia política asturiana.






