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La muerte de Montse Álvarez en Valdemurio destroza a Javier Álvarez y conmociona a Asturias

La noche del miércoles se cerró con una escena brutal en el embalse de Valdemurio, en Quirós, donde Montse Álvarez López, de 52 años y vecina de Trubia, desapareció bajo el agua después de lanzarse a nadar tras contemplar el eclipse junto a su pareja.

El suceso adquirió un peso todavía más devastador cuando se conoció la identidad de la víctima: era hija de Javier Álvarez Alonso, histórico futbolista del Real Oviedo, una figura muy reconocida en Asturias cuyo dolor quedó resumido en una frase seca y demoledora: estaba muerto en vida.

Según la reconstrucción difundida sobre los hechos, la mujer había acudido al pantano con su pareja para ver el fenómeno astronómico y, una vez terminada la observación, ambos caminaron por la zona hasta el embarcadero, donde ella decidió meterse en el agua en una noche que ya avanzaba hacia la oscuridad.

Fue en ese punto donde todo se quebró en segundos. Montse se lanzó, se hundió y no volvió a salir a la superficie. El hombre que la acompañaba se arrojó de inmediato para intentar rescatarla, pero no logró localizarla en un entorno que se volvió hostil y opaco de forma casi instantánea.

La llamada al 112 activó una respuesta de emergencia durante la noche. Hasta Valdemurio se desplazaron efectivos del Grupo de Rescate, bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias con base en Proaza y especialistas subacuáticos de la Guardia Civil para peinar la zona marcada por el testigo.

La búsqueda se prolongó durante horas con la tensión concentrada en el mismo punto donde había sido vista por última vez. El cuerpo fue localizado poco antes de las dos de la madrugada, a una profundidad de entre siete y diez metros, cerrando de la peor manera una espera cargada de angustia.

La cronología conocida sitúa la caída mortal poco después de las diez de la noche del 13 de agosto de 2026. Ese detalle convierte la historia en algo todavía más áspero: el eclipse, que había atraído a tantas personas a distintos puntos del país, terminó allí convertido en el umbral de una tragedia íntima.

El nombre de Javier Álvarez no es menor en Asturias. Formó parte del Real Oviedo entre 1968 y 1980, disputó varias temporadas en Primera División y permanece entre los jugadores con más partidos en la historia del club, de modo que la noticia no golpeó solo a una familia, sino también a una memoria deportiva muy arraigada.

La cobertura de esta noticia ha coincidido en un núcleo factual muy concreto: una mujer de 52 años murió ahogada en Valdemurio tras lanzarse al agua y su vínculo familiar con el exfutbolista convirtió el caso en una sacudida emocional que se extendió rápidamente por Oviedo, Trubia y el entorno del oviedismo.

El escenario del embalse añade una capa especialmente dura al relato. No se trató de un accidente de tráfico ni de una caída en plena multitud, sino de una desaparición súbita en el agua, con la víctima tragada por la oscuridad y la profundidad mientras la persona que estaba a su lado intentaba encontrarla sin éxito.

Las horas posteriores quedaron marcadas por el traslado del cuerpo y por la preparación del duelo. El funeral fue fijado para el viernes 14 de agosto en la capilla del Tanatorio El Salvador de Oviedo, a las doce y media del mediodía, con la posterior incineración prevista en el mismo recinto funerario.

En historias como esta, el dato técnico del rescate convive con un daño humano imposible de reducir a cifras. Los equipos actuaron, delimitaron la zona y encontraron el cuerpo, pero el centro del caso sigue siendo esa fractura seca que deja una muerte repentina en una familia golpeada sin ninguna posibilidad de despedida previa.

La noticia también expone cómo un hecho privado puede adquirir dimensión pública cuando alcanza a una figura conocida, aunque el golpe real no cambie por ello. Detrás del apellido reconocido seguía estando una mujer de 52 años, una pareja que intentó salvarla y un padre atravesado por una pérdida que no admite consuelo rápido.

Valdemurio ha quedado unido desde ahora a una noche de eclipse que terminó en silencio, profundidad y luto. Lo que empezó como una salida para mirar el cielo acabó en un fondo negro del que Montse Álvarez ya no regresó, dejando a su familia y a buena parte de Asturias frente a una noticia imposible de encajar.

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