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Nepal localiza al último español desaparecido tras la riada que deja cientos de muertos y miles de ausentes

El último de los tres españoles desaparecidos tras la gran riada de Rasuwa ya ha sido localizado por las autoridades nepalíes, cerrando así una de las búsquedas más seguidas fuera del país. La noticia no borra el alcance de la tragedia: el valle sigue convertido en un corredor de barro, muertos y personas de las que todavía no hay rastro.

La confirmación llegó este domingo 30 de agosto, cuando la Junta de Turismo de Nepal incluyó a los tres españoles en la lista de personas localizadas y en contacto. Junto a ellos aparecían también un ciudadano belga y otro estadounidense, señal de que la emergencia no solo golpeó a las comunidades locales, sino también a viajeros atrapados en una zona devastada.

La localización no equivale a un rescate pleno ni a un regreso inmediato a la normalidad. En esta catástrofe, estar en contacto apenas significa haber emergido del silencio en medio de una geografía rota, con carreteras arrancadas, corrimientos activos y equipos que siguen trabajando bajo la amenaza de nuevas lluvias y desprendimientos.

El desastre se desencadenó días antes en el municipio de Rasuwa, en la frontera entre Nepal y el Tíbet, cuando una riada arrasó la cuenca del Bhote Koshi y golpeó también el corredor del Trishuli. Desde entonces, el paisaje ha quedado marcado por aldeas destrozadas, puentes vencidos y laderas convertidas en cicatrices de agua y roca.

Mientras se cerraba el capítulo de los desaparecidos españoles, el balance humano general seguía creciendo con una dureza casi inabarcable. Las cifras difundidas este domingo situaban la tragedia en torno a los 750 fallecidos entre Nepal y la vertiente tibetana, además de casi 3.000 personas desaparecidas, una magnitud que desborda cualquier relato individual.

Solo en Nepal, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres elevó el total de muertos a 734 tras sumar decenas de víctimas en una nueva actualización. A ese número se añadían 2.498 personas en paradero desconocido, entre ellas centenares de extranjeros, en una quinta jornada de búsqueda marcada por el cansancio, la lluvia y el temor a nuevos colapsos.

En la vertiente china del desastre, las autoridades del Tíbet informaron de al menos 16 muertos y cientos de desaparecidos más. El dato agrava la sensación de que la riada no fue un episodio aislado ni local, sino un golpe transfronterizo que trituró vidas a ambos lados de la montaña y dejó una operación de rescate sometida a riesgos constantes.

La búsqueda se ha visto dificultada por nuevos corrimientos de tierra y por acumulaciones de agua detectadas cerca de zonas críticas del paso fronterizo. China llegó a evacuar a equipos de rescate próximos al condado tibetano de Gyirong, mientras Nepal advertía del aumento del nivel del agua en la cuenca del Bhote Koshi y pedía extremar la cautela aguas abajo.

El grupo de extranjeros todavía no localizados seguía siendo enorme incluso después de la aparición de los tres españoles. Las listas oficiales hablaban de centenares de viajeros o trabajadores sin contacto, reflejo de una riada que golpeó una zona muy transitada por turismo, comercio y movimientos vinculados a la frontera, donde la desaparición de personas se multiplica en cuestión de minutos.

El Ministerio español de Asuntos Exteriores mantenía mientras tanto la coordinación con la Embajada en Nueva Delhi, el Consulado Honorario en Nepal y el Consulado General en Pekín. Esa red diplomática ha seguido haciendo gestiones con las autoridades locales para conocer la situación exacta de los ciudadanos afectados y ofrecer la asistencia consular necesaria en un escenario extremadamente cambiante.

Lo que hace especialmente inquietante esta cobertura es la distancia entre una buena noticia puntual y el abismo general del desastre. Que el último español haya sido localizado introduce un alivio evidente, pero no altera la imagen de fondo: miles de personas siguen desaparecidas, los cuerpos siguen apareciendo y muchas familias continúan esperando una llamada que quizá nunca llegue.

La riada de Rasuwa se ha convertido además en una prueba brutal de la fragilidad de las zonas de montaña cuando el agua, el lodo y los desprendimientos se desencadenan a gran escala. Cada nueva actualización no solo añade cifras, también revela la dificultad de buscar entre cauces violentos, carreteras partidas y terrenos donde la propia operación de rescate puede quedar atrapada.

En este contexto, la localización de los tres españoles funciona como un desarrollo factual claro dentro de una emergencia todavía abierta. No es el final de la historia, sino una nueva capa en una tragedia que ha ido mutando día a día: primero la riada, luego el conteo de víctimas, después la aparición parcial de desaparecidos y ahora esta confirmación final sobre los ciudadanos españoles.

Al cierre de este borrador, Nepal seguía contando muertos, ausencias y daños materiales mientras el valle del Bhote Koshi continuaba bajo vigilancia. La noticia del último español localizado rompe una parte del miedo, pero no disipa la oscuridad del conjunto: la montaña todavía devuelve barro, silencio y una cifra de desaparecidos que sigue estremeciendo al mundo.

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