El cuaderno que siguió hablando tras el crimen de Benahavís, Málaga
El caso de Benahavís sumó este 6 de agosto un detalle estremecedor: el hombre enviado a prisión provisional por el asesinato de su expareja dejó durante su huida un cuaderno en el que, según la investigación, confesaba el crimen con sus propias palabras.
La víctima era una mujer de 45 años, de nacionalidad húngara, hallada sin vida el 21 de julio en una vivienda de la urbanización Los Arqueros, en Benahavís, después de que una vecina alertara por un grito y por la salida precipitada de un hombre del inmueble.
Cuando los agentes entraron en la casa encontraron signos de una violencia brutal: dos heridas mortales en el cuello, la ropa rasgada y un escenario que apuntaba a un ataque directo antes de la fuga del sospechoso.
Las pesquisas sostienen que el arrestado, un hombre argentino de 64 años, había mantenido una relación sentimental con la víctima en 2019 y que, tras regresar del extranjero, volvió a contactar con ella hasta convivir de nuevo en la misma casa.
Durante los diez días en los que logró escapar del cerco policial, el sospechoso se movió entre Benahavís, Marbella e Istán, mientras la Guardia Civil reconstruía cada paso con apoyo de testigos, rastros materiales y la llamada operación Biznaga.
En medio de esa fuga apareció la pieza que terminó cambiando el peso del caso: una libreta o diario que el hombre dejó en la entrada de la vivienda de un amigo y que acabó en manos de los investigadores.
Ese cuaderno, según coinciden las informaciones publicadas, recogía una confesión del asesinato y un relato de lo ocurrido, algo que reforzó la línea principal de la investigación y ayudó a estrechar el radio de búsqueda.
La huida no fue limpia ni improvisada del todo, porque el vehículo utilizado por el sospechoso apareció abandonado en Marbella y ese rastro permitió a los agentes fijar mejor los movimientos posteriores del fugitivo.
Con el paso de los días, la presión policial se concentró en una zona de monte de Istán, donde varios indicios situaban al hombre escondido, cada vez con menos margen para seguir escapando.
Cuando finalmente fue localizado, la detención estuvo marcada por un último gesto desesperado: al verse cercado, el sospechoso se provocó cortes en el cuello con un cúter y tuvo que ser trasladado a un centro sanitario antes de quedar formalmente arrestado.
Después de su puesta a disposición judicial en Marbella, el juzgado acordó prisión provisional, comunicada y sin fianza, mientras sobre él pesan de momento acusaciones de asesinato y agresión sexual.
La investigación también terminó por confirmar que el crimen debe ser tratado en el ámbito de la violencia machista, después de que se acreditara la relación previa entre víctima y agresor, un extremo que en los primeros días no había podido establecerse con claridad.
Otra de las hipótesis que siguen bajo análisis es si el ataque se produjo en un contexto de celos, una posibilidad que aparece tanto en las diligencias conocidas como en las versiones atribuidas al propio detenido tras su captura.
Ahora, más allá del arresto, queda una imagen difícil de apartar del caso: la de un cuaderno abandonado durante la fuga, como si el crimen hubiera seguido escribiéndose solo hasta señalar el camino de regreso hacia su presunto autor.






