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Adam, 100 días desaparecido en Roses: las versiones que no encajan

Han pasado cien días desde que Adam H.B., de 16 años, salió al mar en Roses con otros jóvenes y no regresó. Su ausencia permanece clavada en la Costa Brava, mientras la investigación continúa sin una reconstrucción definitiva de aquella tarde de junio.

El 10 de junio, Adam participó en una salida con motos acuáticas por la bahía de Roses. Volvió el resto del grupo, pero él no. Desde entonces, cada dato conocido ha abierto una nueva pregunta sobre el momento exacto en que se perdió su rastro.

La familia ha vuelto a pedir que quienes estuvieron allí expliquen todo lo que saben. No busca alimentar rumores ni señalar sin pruebas: reclama una versión completa que permita ordenar las horas más confusas de la desaparición.

El dolor se concentra en una idea sencilla y terrible: Adam salió acompañado, pero terminó solo en el mar. Sus allegados sostienen que los relatos ofrecidos por algunos de los presentes no coinciden entre sí y han dificultado la búsqueda desde el inicio.

La investigación está en manos de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Girona. Los agentes mantienen abiertas las hipótesis y tratan de fijar dónde estuvo Adam por última vez, una referencia esencial que nunca terminó de quedar clara.

Aquella tarde, el grupo utilizó tres motos acuáticas. Se ha conocido que hubo versiones distintas sobre cuántos jóvenes viajaban, qué averías se produjeron y en qué zona se vio por última vez al adolescente antes de que desapareciera.

El aviso de que faltaba un menor llegó con horas de retraso. Ese desfase pesa sobre la investigación porque, en una desaparición en el mar, cada minuto condiciona la extensión de la búsqueda y la posibilidad de reconstruir una trayectoria.

La moto acuática de Adam apareció al día siguiente en una playa de Pals, a unas dieciséis millas del punto de partida. El vehículo presentaba un golpe en la parte trasera, un daño que también forma parte de las diligencias abiertas.

La posición en la que apareció la moto añadió otra sombra al caso. Las condiciones de viento y corriente de esa tarde han alimentado dudas sobre el recorrido que pudo hacer a la deriva y sobre si todo ocurrió como se contó inicialmente.

Los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas rastrearon la bahía durante días, pese a no disponer de un punto exacto de desaparición. También se desplegaron equipos terrestres, marítimos y aéreos, sin encontrar al chico.

La empresa vinculada a la excursión fue examinada por los investigadores y varias motos quedaron precintadas. Entre las cuestiones analizadas figuran las condiciones de la actividad, el papel del guía y el funcionamiento de los sistemas de localización.

En torno al caso han circulado hipótesis sin respaldo que han multiplicado la angustia de los suyos. Las diligencias no han encontrado indicios que acrediten algunos de esos rumores, mientras la posibilidad de un accidente sigue bajo examen.

Para la madre de Adam, el tiempo no ha cerrado nada. La familia mantiene la esperanza de localizarlo y conserva un cartel con su fotografía y descripción, dirigido a cualquiera que pueda aportar un dato útil y verificable.

Cien días después, Roses convive con una ausencia y una investigación que todavía no resuelve las contradicciones de aquella salida al mar. El llamamiento familiar persiste: que quien sepa qué ocurrió lo diga, para que Adam pueda ser encontrado.

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