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Desahucio de Maricarmen: 10.000 personas llevan la protesta al ático de Ayuso en Chamberí

La salida de Maricarmen de su vivienda no cerró la jornada, sino que abrió otra escena de tensión en Madrid. Horas después del desahucio, miles de personas se concentraron frente al ático de Chamberí adquirido por la Comunidad de Madrid y convirtieron la calle en un símbolo de protesta.

La concentración comenzó al caer la tarde en el paseo del General Martínez Campos, junto al inmueble de 485 metros cuadrados. La convocatoria circuló tras la ejecución del desalojo de la vecina de Retiro, de 87 años, que llevaba alrededor de siete décadas viviendo en la calle Alcalde Sáinz de Baranda.

La movilización fue creciendo hasta reunir a 10.000 personas, de acuerdo con el recuento de la Delegación del Gobierno. La multitud cortó la vía y lanzó consignas que enlazaban el destino de Maricarmen con el debate sobre la vivienda, los alquileres y la especulación inmobiliaria en la capital.

Entre las pancartas y los megáfonos se repitió una exigencia: que el ático se destinara a Maricarmen. También se escucharon gritos contra los fondos de inversión y contra la gestión de las administraciones, mientras la protesta ocupaba progresivamente el entorno de General Martínez Campos.

El desalojo se había consumado tras cuatro intentos previos y más de siete horas de dispositivo policial. Maricarmen, con discapacidad, salió en camilla y fue trasladada al hospital Gregorio Marañón para revisar su estado de salud, un desenlace que aceleró la respuesta de vecinos y activistas.

La historia del piso se remonta a 2018, cuando el edificio fue vendido después de décadas bajo un contrato de renta antigua. La propiedad pasó más tarde a Urbagestión Desarrollo e Inversión SL, y el conflicto se agravó cuando a la inquilina se le planteó una renta que no podía asumir con su pensión.

El importe reclamado ascendía a 1.650 euros mensuales, inferior a otras rentas del edificio pero superior a los ingresos de Maricarmen, cifrados en torno a 1.450 euros. Esa distancia entre el alquiler exigido y sus recursos sostuvo la denuncia social que rodeó el caso durante meses.

La protesta no permaneció quieta frente al portal. Parte de los asistentes avanzó hacia Rubén Darío y después hacia el paseo de la Castellana, donde se produjo una sentada en la calzada. El tráfico quedó afectado mientras el despliegue policial trataba de contener el avance de la marcha.

La noche dejó momentos de tensión cuando los antidisturbios realizaron disparos de pelotas de goma al aire alrededor de las nueve y media. Los manifestantes se reagruparon, mantuvieron el corte de tráfico y prolongaron la sentada durante unos veinte minutos antes de que la concentración se disolviera.

La calle también recogió críticas dirigidas a distintos niveles de gobierno. Había reproches al Ejecutivo madrileño por la compra del inmueble de Chamberí y mensajes contra el Gobierno central, al que parte de los asistentes reclamaba medidas inmediatas para frenar nuevos desahucios.

El caso trascendió Madrid durante la misma jornada. En Barcelona, varios centenares de personas se concentraron ante la Delegación del Gobierno en Cataluña con el lema «Maricarmen no estás sola», una respuesta que extendió la imagen de la anciana expulsada de su casa más allá de su barrio.

Las organizaciones que apoyaron la movilización situaron el desahucio dentro de una crisis más amplia de acceso a la vivienda. La protesta no planteaba solo una petición para una vecina concreta: reclamaba alquileres asequibles y límites a la actuación de los grandes propietarios en los barrios.

Para quienes acudieron a Chamberí, el contraste entre un ático comprado con fondos públicos y el desalojo de una mujer mayor se convirtió en el centro del mensaje. Las llaves levantadas en el aire y las consignas buscaron transformar esa comparación en una denuncia visible, incómoda y sostenida.

La concentración terminó en torno a las diez de la noche, pero el caso de Maricarmen quedó convertido en una referencia del conflicto por la vivienda. Después del desalojo y de la marcha, la pregunta que dejó la jornada sigue abierta: qué protección real existe cuando una renta imposible expulsa a quien ha vivido toda una vida en el mismo hogar.

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