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Dos mujeres hospitalizadas tras un atropello en dirección contraria en Torreblanca

La noche cayó sobre Torreblanca como cualquier otra, con vecinas sentadas a la puerta de casa y una conversación tranquila en la calle Jacinto Benavente. En cuestión de segundos, un coche que avanzaba en dirección contraria convirtió aquella acera en el escenario de un atropello que dejó a varias mujeres alcanzadas.

El vehículo entró por la vía a gran velocidad y sin margen para que las mujeres pudieran apartarse. Tres de ellas fueron arrolladas mientras permanecían junto a sus domicilios, en una zona donde la rutina del barrio no anticipaba una maniobra tan peligrosa ni una irrupción tan violenta.

El aviso a los agentes llegó a las 21:49 horas, pocos minutos después del impacto. La rapidez de esa llamada activó la respuesta de emergencia en un punto urbano donde el golpe había roto la calma y obligado a los vecinos a mirar una escena que hasta entonces parecía imposible.

Dos mujeres, de 74 y 82 años, necesitaron atención sanitaria tras el atropello. Una presentaba una herida en una pierna y la otra sufrió policontusiones, lesiones que reflejan la fuerza con la que el coche alcanzó a quienes se encontraban fuera de la calzada.

Hasta el lugar se desplazaron una unidad del SAMU y otra de Soporte Vital Básico. Los equipos asistieron a las dos afectadas que requerían tratamiento médico y organizaron su traslado al Hospital General de Castellón, donde quedaron bajo valoración después de una noche marcada por el impacto.

La calle Jacinto Benavente no era una carretera ni un tramo de tráfico rápido, sino el espacio inmediato de las viviendas de las afectadas. El hecho de que las mujeres estuvieran sentadas en la acera agrava la sensación de indefensión: el peligro llegó hasta el lugar destinado al descanso y la conversación.

La intervención policial permitió identificar al conductor del vehículo. El hombre se negó a realizar la prueba de alcoholemia solicitada tras el atropello, una decisión que abre una línea propia dentro de las diligencias y añade gravedad a una secuencia ya marcada por el riesgo creado en plena zona residencial.

El conductor quedó investigado y no fue detenido, mientras se estudian las circunstancias exactas de la circulación en sentido contrario y del atropello. También se valora una posible imprudencia grave por unos hechos que afectaron a personas que no estaban participando en el tráfico ni podían prever la llegada del coche.

La diferencia entre salir ileso o acabar en una ambulancia dependió de apenas unos metros y unos instantes. Las tres mujeres estaban reunidas ante sus casas cuando el vehículo invadió su espacio; dos acabaron en el hospital, y el vecindario quedó expuesto a una violencia repentina sin ninguna advertencia previa.

El episodio concentra varias preguntas que deberán aclararse: por qué el coche circulaba en sentido contrario, a qué velocidad entró en la calle y qué margen tuvo el conductor para evitar el impacto. Las respuestas serán decisivas para reconstruir una noche en la que una acera dejó de ser un lugar seguro.

La negativa a la prueba de alcoholemia no determina por sí sola qué ocurrió antes del atropello, pero sí forma parte de las actuaciones abiertas. La investigación tendrá que separar los hechos confirmados de las hipótesis y establecer la responsabilidad que corresponda por la conducción y por las lesiones causadas.

Mientras avanza ese proceso, el dato más inmediato es el de las dos mujeres trasladadas al hospital, con heridas que obligaron a movilizar recursos sanitarios. La atención médica fue el primer paso después de una embestida que transformó una reunión cotidiana en una emergencia en medio de la noche.

Torreblanca amaneció con el recuerdo de una calle conocida convertida en lugar de un atropello múltiple. Para quienes estaban allí, no hubo tiempo de entender la trayectoria del coche ni de reaccionar: solo el estruendo, la confusión posterior y la llegada de ambulancias y agentes al portal de las viviendas.

El caso queda ahora en manos de las diligencias que deben aclarar la maniobra, las condiciones de conducción y el alcance penal de lo ocurrido. Detrás de esos trámites permanece una imagen difícil de borrar: tres vecinas en la acera y un vehículo que llegó por el sentido equivocado hasta arrollarlas.

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