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Hallan el cadáver de un hombre dos años después de su muerte en Cabrera d’Anoia

Una casa de Cabrera d’Anoia guardaba un silencio que acabó rompiéndose cuando los Mossos d’Esquadra entraron en ella y localizaron el cadáver de un hombre. El cuerpo llevaba al menos dos años en el interior del domicilio, cubierto en una estancia de la vivienda.

La intervención llegó después de que el vecindario y el Ayuntamiento detectaran señales que no encajaban con una vida normal: falta de movimiento, basura acumulada, maleza en el exterior y un coche que permanecía inmóvil desde hacía años junto a la casa.

Dentro vivían la esposa y la hija de la víctima. Ambas aseguraron que apenas habían salido desde la pandemia y que recibían las compras a domicilio. Por la noche recogían los pedidos que los repartidores dejaban fuera, sin abrir una rutina hacia el exterior.

Los agentes encontraron al fallecido en avanzado estado de descomposición. La primera reconstrucción sitúa su muerte alrededor de 2024, aunque la fecha y la causa deberán quedar fijadas mediante la autopsia y las diligencias que siguen abiertas en torno al caso.

El hombre tenía entre 75 y 77 años, de acuerdo con las informaciones iniciales. La distancia entre esa muerte y el hallazgo convirtió la vivienda en una escena detenida durante años, con una familia recluida y un cadáver oculto tras una manta.

La alerta no surgió de un solo detalle. Los vecinos llevaban tiempo sin ver salir a la familia y observaban el deterioro progresivo de la finca. Aun así, en el interior se escuchaban ruidos, una circunstancia que aumentó las dudas antes de la llamada de emergencia.

Cuando la policía llamó a la puerta, una mujer abrió y explicó que residía allí con su hija. En el domicilio apareció el cuerpo de su marido, mientras la investigación trataba de ordenar una secuencia insólita: una muerte antigua, dos convivientes y un encierro prolongado.

Las dos mujeres fueron trasladadas a un centro hospitalario para recibir atención sanitaria y psicológica. Esa asistencia no resuelve las preguntas sobre lo ocurrido, pero marca la dimensión humana de un domicilio que, durante años, quedó fuera de la mirada cotidiana del municipio.

Los investigadores analizan las circunstancias del fallecimiento. De momento no se han comunicado indicios claros de criminalidad, una precisión esencial porque el estado del cuerpo y el tiempo transcurrido obligan a evitar conclusiones antes de los resultados forenses.

La vivienda presentaba malas condiciones de salubridad y estaba llena de cajas, tras una dinámica de aislamiento extremo. El deterioro exterior fue la parte visible de una situación mucho más profunda, escondida tras las paredes de una casa a la que nadie lograba acceder.

La investigación deberá determinar qué sabían exactamente las personas que vivían en el domicilio, cómo se produjo la muerte y por qué el cuerpo permaneció allí tanto tiempo. También tendrá que aclarar si el encierro declarado por madre e hija condicionó la respuesta posterior al fallecimiento.

El caso se sitúa en la urbanización de Can Formiga, en Cabrera d’Anoia, y ha quedado en manos de la unidad de investigación de los Mossos. La policía trabaja con la información reunida en la vivienda y con el examen médico legal del cadáver.

La imagen final es la de una alarma vecinal que llegó tarde para descubrir una muerte, pero a tiempo para sacar a la luz una convivencia imposible. Durante al menos dos años, el paso de los días siguió fuera mientras dentro la escena permanecía intacta.

Quedan por delante los informes forenses y las decisiones que adopte la autoridad judicial. Hasta entonces, el hallazgo de Cabrera d’Anoia no es una explicación cerrada, sino una investigación abierta sobre una muerte antigua y una casa que se aisló del mundo.

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