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Dos investigados tras la muerte en un parasailing en Benidorm: el patrón real no figuraba en la empresa

El mar de Benidorm parecía escenario de ocio aquella tarde de agosto, pero el vuelo de parasailing terminó convertido en una caída sin margen de reacción. Una mujer de 66 años murió y el hombre que viajaba con ella resultó herido después de que el cable que los unía a la lancha se rompiera en pleno aire.

La actividad se desarrollaba en tándem frente al litoral de la ciudad, con ambos participantes sujetos a un paracaídas especial y remolcados por una embarcación. Tras la rotura del cabo, el viento los arrastró hasta precipitarse al mar, en una secuencia que abrió de inmediato una investigación para aclarar responsabilidades.

La mujer sufrió lesiones de extrema gravedad y falleció después de ser trasladada al hospital. El hombre, de 47 años, también necesitó atención sanitaria por las heridas sufridas, aunque su vida no llegó a correr peligro. El accidente dejó una muerte y una pregunta central: quién dirigía realmente la embarcación.

Las diligencias analizaron las condiciones de aquella jornada, marcada por un empeoramiento del tiempo. La zona pasó de una tarde de calor a un episodio de tormenta y fuertes rachas de viento, un contexto que forma parte del examen sobre cómo se desarrolló la actividad y las decisiones adoptadas antes del siniestro.

La investigación no se ha limitado al estado del cable ni a la meteorología. Los agentes reconstruyeron quién estaba al mando de la lancha cuando las dos víctimas quedaron suspendidas del paracaídas. Esa identificación resultó decisiva porque la primera versión ofrecida en el lugar no coincidía con lo que terminó acreditándose.

Una persona vinculada a la empresa responsable se presentó inicialmente como patrón de la embarcación. Con el avance de las pesquisas reconoció que no era quien pilotaba durante el accidente y señaló a otro trabajador. El cambio abrió una nueva línea para determinar qué papel tuvo cada uno en los minutos previos a la caída.

Los investigadores concluyeron que el hombre señalado era quien manejaba la embarcación cuando se produjo la rotura. Contaba con la titulación necesaria y con formación para ejercer como patrón, pero no figuraba enrolado en la empresa en la fecha del suceso. Esa circunstancia quedó incorporada a las diligencias remitidas al juzgado.

El trabajador que pilotaba está investigado por presuntos delitos de homicidio imprudente y lesiones. La investigación no equivale a una condena ni establece por sí sola culpabilidad, pero sitúa bajo examen judicial las decisiones y condiciones que rodearon una actividad que terminó con una pasajera muerta y otra persona lesionada.

El otro hombre está investigado por un presunto delito de encubrimiento, a raíz de la identificación inicial sobre quién estaba al mando. La diferencia entre presentarse como patrón y admitir después que otra persona conducía la lancha se ha convertido en una de las piezas más delicadas de un caso nacido entre el viento, el mar y una versión que cambió.

El accidente ocurrió el 10 de agosto, cuando el parasailing seguía adelante pese al deterioro del tiempo que afectaba a la costa de la Marina Baixa. Determinar si esas condiciones influyeron en la decisión de realizar el vuelo y en la capacidad de respuesta de quienes iban en la embarcación forma parte del relato que ahora se examina.

La rotura del elemento que conecta el paracaídas con la lancha fue el instante que separó una actividad turística de una tragedia. Desde entonces, la investigación ha tenido que ordenar detalles técnicos, responsabilidades laborales y testimonios para reconstruir por qué dos personas quedaron expuestas a un viento que ya golpeaba la costa con fuerza.

El Equipo Territorial de Policía Judicial de Altea llevó las diligencias que han permitido identificar a los dos investigados y fijar la secuencia básica de los hechos. La causa ha sido remitida a la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Benidorm, donde seguirá el recorrido judicial de un accidente con consecuencias irreversibles.

La presencia de una persona con titulación, pero sin figurar enrolada en la empresa, no responde por sí sola a todas las incógnitas del caso. La instrucción deberá valorar el conjunto de circunstancias: la identidad de quien dirigía la lancha, la organización de la actividad, el estado del tiempo y la rotura que dejó a las víctimas a merced del aire.

La muerte de la mujer transforma cualquier dato de la investigación en una pieza de enorme peso. Lo que empezó como un vuelo sobre la costa de Benidorm terminó con una caída al mar, un herido y dos hombres investigados. Ahora la instrucción deberá decidir qué responsabilidades pueden atribuirse a quienes estaban vinculados a aquella embarcación.

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