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Muere Andy Felices, propietario de La Dehesa Gourmet de Almería

Almería ha amanecido golpeada por la muerte de Andrés Felices Escobar, conocido por todos como Andy. El empresario falleció durante la madrugada del 22 de septiembre y dejó tras de sí un vacío inmediato entre quienes compartían con él el ritmo diario de la hostelería de la capital.

Andy Felices era el propietario de La Dehesa Gourmet de Andy, el establecimiento situado en el número 14 de la avenida Nuestra Señora de Montserrat. Su nombre quedó ligado a un local pequeño, reconocible y muy frecuentado, construido a base de cercanía, tapas y una personalidad difícil de confundir.

La muerte se conoció a primera hora y provocó una reacción de conmoción entre clientes, comerciantes y profesionales del sector. La noticia llegó sin estridencias, pero con el peso de una pérdida repentina que alteró la rutina de una zona acostumbrada a verlo detrás de su proyecto.

Hasta el lugar se desplazaron efectivos policiales y servicios sanitarios. Las primeras informaciones indicaban que fue localizado sin vida y que no presentaba signos de violencia; las causas oficiales del fallecimiento quedan pendientes del resultado de la autopsia.

Su trayectoria en la hostelería había comenzado muy pronto. Andy explicó que empezó a trabajar en el sector con 17 años, una edad en la que todavía estaba descubriendo un oficio que terminaría ocupando el centro de su vida profesional y de su identidad pública.

Antes de consolidar su propio negocio también pasó por espacios vinculados al ocio nocturno. Esa experiencia le dio un conocimiento directo de la noche, de los clientes y de los ritmos de una ciudad que cambia cuando se encienden las barras, las cocinas y las conversaciones.

La Dehesa nació de una oportunidad inesperada. Andy trabajaba como empleado en el local que ocupaba anteriormente aquel espacio y, tras varios meses, recibió la propuesta de hacerse cargo del negocio. Aceptó el reto y comenzó a transformar un lugar que acabaría llevando su sello.

Con el tiempo, el proyecto dejó de ser solo una tienda de productos gourmet y bebidas. El local evolucionó hacia la restauración, las tapas y las elaboraciones propias, con una carta que buscaba diferenciarse sin abandonar el pulso cotidiano de la hostelería almeriense.

Una palabra resumía esa manera de entender la cocina: Afrodisiaco. Andy la utilizaba para definir el carácter de su propuesta y la incorporó a la imagen del negocio. El término nació ligado a su vermut, pero terminó convirtiéndose en una señal de identidad personal.

Entre las elaboraciones asociadas al establecimiento figuraban la empanada de morcilla de buey y el rabo de toro. Eran ejemplos de una cocina que combinaba productos reconocibles con preparaciones propias, pensadas para sorprender sin perder el lenguaje cercano de la tapa.

Andy defendió mantener La Dehesa en su ubicación original, incluso cuando el espacio imponía límites. Consideraba que el local había adquirido una identidad difícil de trasladar y optó por ampliar poco a poco la atención al público mediante más sitio y terraza.

La noticia también ha sacudido a quienes conocían a la familia Felices y el camino profesional del empresario. El impacto no se explica solo por un negocio que funcionaba a pleno rendimiento, sino por una presencia habitual que formaba parte del paisaje humano de la ciudad.

En la hostelería, una ausencia repentina se mide en puertas que dejan de abrirse igual, mesas que guardan recuerdos y vecinos que se preguntan cómo seguirán las rutinas. La muerte de Andy Felices deja esa clase de silencio: el de una figura conocida que desaparece demasiado pronto.

Mientras se esperan las conclusiones oficiales sobre el fallecimiento, queda la huella de un emprendedor que convirtió una oportunidad laboral en un proyecto propio. La Dehesa Gourmet permanece como el lugar donde Andy dejó una forma directa, creativa y muy almeriense de entender la cocina.

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